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¿Sabes qué son los hiperobjetos?

Priscila Sarahí Sánchez Leal

Cápsulas literarias

La radiación nuclear afecta a la flor 
tiñendo sus hojas con un extraño tono rojo.
El calentamiento global afecta al agricultor 
al hacer que los tomates se pudran.
El plástico afecta al pájaro al estrangularlo 
cuando se entrelaza en el envoltorio 
de media docena de latas de bebida. 

Timothy Morton

Leyendo el libro Hiperobjetos: filosofía y ecología después del fin del mundo (2013), de Timothy Morton, me encontré con el concepto de hiperobjeto, propuesto por el autor para referirse a fenómenos que, por sus enormes dimensiones espaciales y temporales, rebasan nuestra capacidad de percibirlos y comprenderlos como un todo. 

El calentamiento global, la contaminación, los campos de petróleo, el internet, los residuos nucleares o la acumulación de plástico y basura en general son algunos ejemplos, en tanto que no podemos observarlos completamente desde un solo ángulo o momento determinado, sólo vemos fragmentos o efectos derivados de estos fenómenos, pero nunca el fenómeno en su completud, sin embargo, sus efectos atraviesan la cotidianidad de todos los habitantes del planeta.

Para Timothy Morton, los hiperobjetos cuestionan las formas modernas de separar al ser humano de la naturaleza. Ya no es posible pensar la naturaleza solo como un escenario externo que se puede observar, controlar o explotar, puesto que el ser humano está inmerso en los mismos procesos que ha modificado. Esto va de la mano con la idea de crisis ambiental, que es también una crisis del pensamiento y de la imaginación.

Las categorías propuestas por la Modernidad, como sujeto-objeto, cultura-naturaleza, humano-no humano resultan insuficientes en la actualidad, un momento de colapso en innumerables sentidos. Hablar de colapso no es sólo referirse al deterioro de los ecosistemas, sino también al resquebrajamiento de la idea de que el ser humano puede situarse fuera del mundo y dominarlo.

“Estamos dentro del objeto”, señala Morton, refiriéndose al planeta Tierra. Pensar en los hiperobjetos, de acuerdo con este autor, nos obliga a ver de frente las dinámicas de vida, de producción y consumo que han estado “sosteniendo” el sistema. La Modernidad, en analogía con el Titanic, ha terminado con chocar con el iceberg que son los hiperobjetos, en tanto que “el espejo de la ciencia se derrite y se pega a nuestra mano”.

Todos estamos inmersos en los hiperobjetos, aunque no seamos conscientes de ello, cada vez que respiramos, en las cosas que comemos, en el continuo contacto con cualquier dispositivo electrónico, en el uso de todo tipo de transporte, etc., etc., etc. Y, sin embargo, ¿qué hacer ante ello? Incluso nuestras entrañas están impregnadas de los efectos de los hiperobjetos. 

Para Timothy Morton, el fin del mundo ya fue: “en abril de 1784, cuando James Watt patentó la máquina de vapor, un acto que inició el depósito de carbono en la corteza terrestre. […] el mundo también terminó en 1945, en Trinity, Nuevo México, donde el proyecto Manhattan probó el Gadget, la primera bomba atómica, y más tarde ese mismo año, cuando se lanzaron las dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki.”