¿Por qué nos resistimos a ir a terapia?
Por el psicólogo clínico y criminológico Alejandro Murillo
A pesar de que cada vez se habla más sobre salud mental, muchas personas siguen posponiendo o evitando acudir a terapia psicológica, incluso cuando reconocen que están sufriendo. La resistencia a buscar ayuda profesional es un fenómeno común y tiene múltiples explicaciones.
Una de las razones más frecuentes es el estigma. Durante mucho tiempo se ha asociado la atención psicológica con la idea de “estar loco” o ser incapaz de resolver los propios problemas. Aunque estas creencias han disminuido en algunos sectores de la población, todavía persisten y generan temor al juicio de familiares, amigos o compañeros de trabajo.
Otro factor importante es el miedo al cambio. Los seres humanos tendemos a acostumbrarnos a nuestras formas de pensar, sentir y actuar, incluso cuando nos generan malestar. Iniciar un proceso terapéutico implica cuestionar hábitos, reconocer dificultades y asumir responsabilidades sobre aspectos de nuestra vida. Este proceso puede resultar incómodo y provocar resistencia.
También existe el temor a enfrentar emociones dolorosas. Muchas personas creen que asistir a terapia significa revivir experiencias difíciles o hablar de temas que han intentado evitar durante años. Aunque la terapia puede implicar abordar situaciones complejas, su objetivo no es aumentar el sufrimiento, sino ayudar a comprenderlo y manejarlo de una manera más saludable.
La desinformación también juega un papel relevante. Algunas personas imaginan que el terapeuta les dirá qué hacer, las juzgará o encontrará “algo malo” en ellas. En realidad, la terapia es un espacio de colaboración en el que el profesional acompaña al consultante para comprender sus dificultades y desarrollar recursos para afrontarlas.
Por otra parte, la resistencia puede surgir de la creencia de que pedir ayuda es una señal de debilidad. Sin embargo, reconocer que se necesita apoyo requiere valentía. Del mismo modo que acudimos a un médico cuando tenemos un problema físico, buscar ayuda psicológica cuando atravesamos dificultades emocionales es una forma de autocuidado y responsabilidad personal.
Es importante señalar que no es necesario encontrarse en una crisis severa para acudir a terapia. Muchas personas buscan apoyo para mejorar sus relaciones, fortalecer su autoestima, manejar el estrés, tomar decisiones importantes o desarrollar habilidades para afrontar los desafíos cotidianos.
La resistencia a la terapia es comprensible y, en cierta medida, natural. Sin embargo, cuando el miedo o los prejuicios impiden buscar ayuda, pueden prolongarse innecesariamente situaciones de sufrimiento. Acudir a terapia no significa que una persona sea débil o incapaz; significa que está dispuesta a invertir en su bienestar y en su crecimiento personal.
Hablar de salud mental con naturalidad, informarnos adecuadamente y cuestionar los estigmas que aún existen puede ayudar a que más personas se permitan acceder a los beneficios de la atención psicológica cuando la necesitan. Porque pedir ayuda no es un signo de fracaso, sino una muestra de fortaleza y compromiso con uno mismo.