¿Por qué la IA invierte en salud?
Antonio Sánchez González.
Médico.
A principios de abril, Anthropic adquirió Coefficient Bio, una empresa biotecnológica especializada en la automatización del diseño de fármacos y de experimentos científicos asistidos por IA, por 400 millones de dólares. Esta adquisición forma parte de una tendencia ya impuesta por Google, OpenAI, Amazon y Nvidia, que invierten en salud, compran empresas del sector y lanzan sus propios proyectos. Hace unas semanas Nvidia se ha asociado con Lilly para innovar en el descubrimiento de nuevas moléculas de fármacos. En enero, OpenAI adquirió Torch, un startup especializado en monitorización de datos de salud. Amazon, por su parte, está lanzando un asistente inteligente integrado en su plataforma de servicios sanitarios One Medical.
Está comenzando una nueva para la Medicina era gracias a la capacidad de las IA para resolver problemas cada vez más complejos, mientras que medios computacionales cada vez más potentes permiten que los prototipos de investigación escalen más rápido. En la práctica, estas grandes empresas tecnológicas buscan nuevas áreas de aplicación con alto valor añadido y alto crecimiento, lo que les permite probar la calidad de sus modelos y, en consecuencia, aumentar su propio valor de mercado. Al mismo tiempo, impulsados por las innovaciones de los últimos años, la investigación y el desarrollo en «biotech» y «medtech» están en pleno apogeo, tanto en algoritmos como en capacidad informática. Sin mencionar los avances logrados en modelos de lenguaje y generativos, que han permitido la aparición de potentes IAs generativas y conversacionales. Por último, los actores del mundo de la sanidad, y en particular de la medicina, están cada vez más dispuestos a adoptar soluciones de IA capaces de apoyarles en su práctica diaria, en beneficio tanto del paciente como de todo el sistema sanitario.
Ya que la salud es un campo de alto riesgo a priori por varias razones, este movimiento podría parecer sorprendente. Primero, el riesgo científico y tecnológico. Los modelos de IA son mucho más difíciles de diseñar, debido a la necesidad de conjuntos de datos que suelen ser mucho más grandes y no siempre fáciles de obtener, pero también por las incertidumbres relacionadas con la elección de los muchos parámetros que influyen en los campos del ejercicio de la medicina y su variabilidad y de la salud pública. En segundo lugar, el riesgo regulatorio: la salud es, con razón, una de las áreas más reguladas. Además de que los datos de salud son sensibles, se añaden otras regulaciones específicas para soluciones médicas, como el proceso de autorización de procesos y fármacos por las agencias reguladoras de cada país. Por último, el riesgo financiero también es muy real, teniendo en cuenta las sumas a menudo gigantescas que se deben invertir en estos sectores, en etapas de investigación más largas que en otros campos, y que a veces implican inversiones colosales con bajas garantías de éxito.
A pesar de estos riesgos, las grandes empresas tecnológicas están invirtiendo en salud porque han comprendido los retos del mundo del mañana. Desafíos económicos, en primer lugar, con un mercado en crecimiento, a un ritmo que se espera supere el 9% para 2030. Pero también desafíos sociales considerables: la erradicación de patologías que hoy golpean a la humanidad, el acceso más democratizado a una atención sanitaria de calidad, mejor atención a los pacientes y logística más eficiente para los centros de salud. Las iniciativas de estas empresas tecnológicas son un mensaje poderoso para los inversores de todo el mundo, pero solo podemos esperar que las intenciones de estos actores sean las correctas. El futuro cercano lo dirá.