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Okja: el espejo incómodo de lo que comemos sin mirar

Por Yarahima N. García Carlos

Mi recomendación de esta semana puede resultar un poco incómoda para aquellos que estamos acostumbrados a seguir pautas sociales sin cuestionarlas, ya sea por inercia, por comodidad, por falta de información y/o por falta de tiempo, ya que nos ocupan otros temas como las cuestiones económicas, educativas y de salud.

Okja (2017), dirigida por Bong Joon-ho, ganó el premio EMA a mejor película de largometraje en los Environmental Media Awards y fue nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Este filme, además de ser visual y sonoramente impresionante, retrata el lado más nocivo de la humanidad: la codicia, la indiferencia, el poder, la insatisfacción, la explotación, el consumo desbordante, el abuso animal y el abuso de todo tipo.

La trama sigue a una niña llamada Mija, quien junto con su abuelo cría una cerda modificada genéticamente por una empresa trasnacional denominada Mirando. Durante las escenas de Okja (la cerdita) siendo criada en las montañas de la provincia de Gangwon, en Corea del Sur, se crea una narrativa responsable con el medio ambiente; Okja corre libre por las montañas, se alimenta de frutas y verduras que encuentra ahí, sus heces son destinadas como abono y se pesca lo necesario para comer. Lo que nos da indicios de un ecosistema sustentable sin explotaciones.

La empresa Mirando creó estos cerdos y los mandó a diferentes lugares del mundo para ver qué técnica de crianza es «mejor», además de «limpiar» el legado familiar, ya que mundialmente son reconocidos como psicópatas que dañan al medio ambiente.

Mija hace todo lo posible por rescatar a su mascota y en el camino se topa con un grupo de activistas que adoran a los animales, el Frente de Liberación Animal (FLA), quienes han trabajado por más de 40 años en destapar las horrendidades que realizan las empresas con los animales y todo tipo de ser vivo.

En este trayecto, se visibiliza cómo los animales para consumo masivo son olvidados por la protección de derechos de los animales, pues con las mascotas y algunos animales silvestres hay protección, mientras que el ganado es criado solamente para consumo humano, sin importar el maltrato y la violencia que se ejerce sobre ellos.

Esto nos hace cuestionar acerca de nuestra moralidad, ya que en la pantalla Okja es la mascota de Mija, y como seres humanos es impensable imaginarnos comiendo a nuestras mascotas, pero ese sentimiento desaparece cuando se trata de ganado, de miles y miles de animales que han sido criados para eso.

En el filme también se muestra la indiferencia de la mayoría de los ciudadanos, donde solo les importa acceder a carnes a precio bajo sin importar de dónde vienen, y cómo es que el capitalismo los obliga a normalizar estas prácticas de maltrato animal.

El objetivo de esta recomendación es que, aunque la película esté clasificada como Ficción/Acción, esto es lo más cercano a lo que pasa en las crianzas masivas de animales de ganado en el mundo. Y más allá de promover una postura específica sobre el consumo de carne, Okja nos invita a mirar aquello que normalmente permanece oculto y a cuestionar las decisiones que damos por sentadas. En un mundo donde el consumo suele imponerse sobre la reflexión, la película de Bong Joon-ho nos recuerda que detrás de cada producto existen historias, seres vivos y consecuencias que vale la pena conocer.

Por último, dejo esta reflexión de José Saramago:

«¿Qué es lo que tenemos nosotros para oponernos a esto? No tenemos poder, no estamos en el gobierno, no tenemos multinacionales, no tenemos nada de eso. ¿Qué es lo que tenemos entonces para oponer? Nada más que la conciencia. La conciencia sobre los hechos, la conciencia de mi propio derecho, la conciencia de que soy un ser humano —sencillamente un ser humano y no quiero ser más que eso—, la conciencia de lo que está en el mundo me pertenece —no en el sentido de propiedad—, me pertenece como responsabilidad, me pertenece como derecho a saber, como derecho a intervenir, como derecho a cambiar. Eso se llama la conciencia».

Hay mucho poder en nuestra elección de consumo.