Obesidad: ¿por fin?
Por Antonio Sánchez González, Médico.
Una de cada ocho personas adultas en el mundo es obesa. Las tasas de obesidad en adultos se han multiplicado varias veces desde 1990 y las de obesidad en adolescentes se han cuadruplicado desde entonces. Es probable que el número de personas con peso no saludable alcance los 4000 millones para 2035, una cifra equivalente a la mitad de la población mundial.
Las consecuencias sociales y económicas de la obesidad son tan considerables como las clínicas. La distribución de la obesidad en la población está profundamente arraigada de forma que en este momento luce irreversible y condicionada por factores sociales modernos. ¿La esperanza de revertir la epidemia de obesidad es una causa perdida?
Hace una década, la llegada de un grupo de medicamentos (llamados agonistas del receptor GLP-1) diseñados originalmente para controlar la diabetes tipo 2, la más común en adultos, pero que también tienen efectos significativos en quienes desean perder peso, revolucionó las perspectivas para el tratamiento de la obesidad. 2026 será un año clave en la historia de estos medicamentos.
Estas medicinas han sido especialmente costosas pero en estos meses una de ellas, la semaglutida, empieza a perder la patente en medio mundo, lo que previsiblemente la volverá accesible para un mayor número de personas, además de que hasta hoy estas drogas han requerido administración a través de inyección subcutánea, pero la primera píldora oral de esta familia para la obesidad, la semaglutida, fue aprobada en Estados Unidos en enero de 2026, ofreciendo una alternativa diaria y práctica a los fármacos inyectables para bajar de peso. En los ensayos, demostró una reducción de peso de hasta un 17 % en adultos con obesidad o sobrepeso que se trataron con ella.
Además, otros compuestos con función de la misma naturaleza han demostrado poder reducir el peso corporal entre en 10% al mismo tiempo que mejora los parámetros de control de la diabetes. Es probable que la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) autorice el uso de estos medicamentos novedosos a finales de 2026.
“La obesidad es uno de los mayores desafíos de salud de nuestro tiempo, pero contamos con cada vez más herramientas para abordarla (incluidas las terapias con GLP-1)”, destacó el 5 de marzo Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS al presentar el Plan de la OMS para Detener la Obesidad, una iniciativa multisectorial diseñada para ayudar a los países a implementar políticas científicamente sólidas y rentables para revertir el aumento de las tasas de obesidad, y centrada en el fortalecimiento de los sistemas de salud, la promoción de dietas saludables y la mejora de la actividad física. Surge entonces la pregunta: ¿puede la medicina resolver la crisis de salud pública de la obesidad únicamente mediante el tratamiento? Los medicamentos, por sí solos, no pueden revertir la creciente ola de obesidad.
La obesidad es una enfermedad crónica influenciada por factores genéticos, conductuales, socioeconómicos, ambientales y comerciales complejos e interrelacionados. Un factor clave de la obesidad es el entorno alimentario: la disponibilidad, la asequibilidad, la comercialización y la presentación de los alimentos en la vida cotidiana, lo que influye notablemente en las elecciones alimentarias de cada individuo. Muchos alimentos poco saludables, ricos en grasas, azúcares y sodio, están ampliamente disponibles, se comercializan intensamente y son relativamente baratos, lo que dificulta que los consumidores elijan opciones más saludables.
Los agonistas del GLP-1 desempeñan un papel importante, pero sería un error pensar que podemos solucionar la crisis de la obesidad únicamente con medicamentos. Las políticas alimentarias -incluidas las medidas fiscales (impuestos y subsidios), la reformulación de productos y el etiquetado nutricional presentado de manera clara y fácil de comprender, así como las restricciones de marketing y publicidad- son estrategias fundamentales para promover dietas más saludables, y cada vez hay más pruebas de su eficacia.
Si bien ha habido muchas falsas esperanzas en cuanto a la solución del problema social e individual que significa la obesidad, la creciente evidencia de intervenciones clínicas y de salud pública exitosas justifica un optimismo genuino. ¿Estamos a punto de lograr un gran avance? Es posible.