Nostalgia
Por Priscila Sarahí Sánchez Leal
Cápsulas literarias
¿Has añorado el abrazo o la conversación de alguien, regresar a un lugar específico que permanece adherido a la memoria o releer un libro que en algún momento fue significativo? A veces basta escuchar una canción, percibir un aroma que parecía olvidado o mirar una fotografía antigua, para que algo se remueva en nuestro mundo interior.
Resulta curioso pensar que la palabra nostalgia no existía en la Antigüedad. Fue acuñada hasta el siglo XVII por el médico suizo Johannes Hofer, para describir el singular estado de ánimo que experimentaban los soldados lejos de su tierra natal. Para ello, recurrió a dos vocablos griegos, nóstos (regreso al hogar) y álgos (dolor), es decir, el dolor provocado por el deseo de volver a casa.
De acuerdo con Gastón Bachelard, la casa constituye el primer universo del ser humano, un refugio, el espacio de lo conocido, el lugar donde nos sentimos a salvo. Esa experiencia primera deja una huella profunda en la memoria y, cuando ya no se tiene, el alma la sigue buscando. La casa se transforma así en un espacio simbólico.
Hace unos días encontré, casi de manera azarosa, una canción que me trastocó de una forma que hacía mucho no experimentaba. Se trata de “The day after”, de la banda Riverside. Atraída por la portada, escuché después el álbum completo, titulado Wasteland.
Aunque la banda me era desconocida, la conexión fue inmediata y, curiosamente, el álbum es profundamente nostálgico. Más tarde descubrí que el disco nació tras la muerte del guitarrista Piotr Grudziński. Pero el disco no es un homenaje solemne, más bien parece dialogar, paradójicamente, con la ausencia.
Y entonces pensé que, de una u otra manera, todos hemos perdido algo o a alguien. Sin embargo, el día después, como anuncia el título de la canción, siempre llega, pero cómo habitarlo. La añoranza por aquello que ya no es, y que ya no volverá a ser, nos conduce a los senderos de la nostalgia, pero no necesariamente al sufrimiento.
La nostalgia posee un matiz singular, en tanto que no es sólo tristeza ni desesperación, es una emoción, acaso liminal, en donde el dolor y la añoranza conviven con la gratitud, una suerte de melancolía serena. Ya decía Victor Hugo que “la melancolía es la felicidad de estar triste”. Me parece que la experiencia de la nostalgia está ligada a la transformación y que toda relación con el arte está atravesada, a su vez, por la nostalgia.
Pienso en Odiseo, lejos de Ítaca, anhelando un hogar al que cree poder regresar. Pero cuando finalmente vuelve, descubre que ni el lugar ni él son los que aún están en su recuerdo. Quizá toda nostalgia albergue esa paradoja, pues no se añora únicamente un lugar o un tiempo, también la persona que fuimos estando ahí.
Pienso en la alquimia que siguió a la muerte de Piotr Grudziński y dio origen a Wasteland. Pienso en mis propias pérdidas, en la manera en que los recuerdos cambian cada vez que volvemos a ellos. Una canción, un libro, un aroma, la visita a un lugar querido no nos devuelven el pasado, pero sí lo resignifican. Tal vez eso sea la nostalgia, la posibilidad de descubrir que aquello que hemos perdido sigue viviendo de otras formas.