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Música festiva de la Huasteca

Amparo Berumen

El hecho de que la música haya tenido un papel importante desde que el hombre fue creado –aves, avecillas, avezuelas–, puede deducirse aún sin existir vestigios milenarios de instrumentos, pinturas, y tallas de arpas y flautas y referencias de este arte en escritos antiguos, por tenerse evidencias vivas de sociedades primitivas todavía existentes en parajes distantes como el Amazonas. Y se tienen sociedades como las Huastecas que han despertado el interés de los creadores. Región multiétnica antes de la llegada de los españoles en los años aquellos en que los teenek, conocidos como de la familia de los mayas, compartían el territorio con los otomíes, nahuas, totonacos, tepehuas y algunos grupos chichimecas, cobrando importancia los teenek como cultura mesoamericana entre los años 750 a.C. y 850 d.C., tiempo en que ocuparon, y hasta el siglo XVI, el territorio que se extiende del río Panuco –Pantla, Panutla– hasta Tuxpan. 

Al disminuir la población indígena tras la colonia y reacomodarse en las zonas serranas, podían encontrarse aún en un periodo del siglo XIX, asentamientos teenek en Ozuluama, Pánuco, Tampico y Amatlán, entre otras regiones. Entretanto la población nahua se ubicaba por su cuenta en puntos como Huejutla y Chicontepec, encontrándose también poblaciones de otomíes y tepehuas. En esta atmósfera intrínseca se fueron entretejiendo las diversas expresiones estéticas, porque en la Huasteca escribir y pincelar y bailar y cantar y hacer música es una religión. Es ofrenda diaria, fiesta, sanación. 

En la Huasteca la música amanece y me amanece, escucho por la mañana el canto de los pájaros, el canto despertador del gallo. Romanza volátil tras el cristal de mi ventana es el huapango con sus sonidos alboreados. Interpuesto al silbo de las aves oigo el canto ceremonial Xochipitzahuatl dedicado a la Virgen de Guadalupe. Se detiene mi corazón en la escucha porque esta música encantadora está en las hojas de los árboles, en los ojos cerrados y en los oídos abiertos y pone palabras en la boca de los cantadores. La entrega en la música y en estos cantos ha sido siempre en la Huasteca una muestra de regocijo y agradecimiento. Y se esparcen los sonidos en el andar del hombre. Por los caminos se esparcen estos sonidos espejo vivo del ser de nuestros ancestros. Se oyen los sonidos del mercado y al aire libre las conversaciones. Se oye y se celebra el rito a Xantolo el Día de Muertos. Y el zapateado y el doblar de campanas y el desliz del violín y la jarana se celebran. 

Y también las décimas, obras cultas de creación. Obras barrocas y luego de otras épocas que han atravesado su propia historia echando mano de ella. Caudal que al paso de los siglos ha ido revelando el sentir más sentido: el canto improvisado de los pueblos campesinos de América. Décima, expresión extendida y latente con presencia en el imaginario colectivo, canto espontáneo y canto organizado que guarda una estrecha relación con lo cotidiano y con todo lo de aquí dentro… ¡Ay, décimas quejumbrosas, juguetonas, melancólicas! Devoción nativa rescatada de nuestras memorias, cantar de ida y vuelta en las cuerdas de los instrumentos de música y en las voces de los verseadores…

El Programa de Desarrollo Cultural de la Huasteca que realiza esta fiesta lo integran los seis estados de la región: Tamaulipas, Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí, Querétaro y Puebla, así como la Dirección de Vinculación Cultural del Conaculta. Todos aportan recursos por igual para el desarrollo de todas las actividades que lo componen. El Programa lo rige la Comisión de Planeación que viene a ser el órgano de autoridad, integrada por los titulares de cultura de los estados o, en ausencia de alguno de ellos, de un suplente o Coordinador Operativo. El Programa tiene también una Coordinación Regional que se encarga de administrar los recursos y de dar seguimiento a los acuerdos tomados en cada reunión. Esta Coordinación se transfiere cada dos años. 

Al Programa lo enriquece una gran cantidad de actividades al año como son los encuentros de niños huapangueros, un proyecto editorial, producciones discográficas, el Fondo de Apoyo a Proyectos Culturales de cada región, reuniones de promotores, encuentros de danzantes, cronistas, médicos tradicionales, así como la realización de trabajos de investigación que se propongan.

Incuestionablemente, una de las principales actividades es el Festival de la Huasteca que hoy nos ocupa, porque aquí se dan a conocer muchos de los resultados producto de las actividades enunciadas. También porque éste se promueve y se construye con la participación de una gran cantidad de promotores, investigadores, artistas, etc. Y porque la divisa principal es su carácter popular y de arraigo con la comunidad Huasteca, evitando siempre darle un cariz político. Generalmente las fechas del festival y el contenido del mismo se conciertan en la Comisión de Planeación, ello quiere decir que siempre se presenta un proyecto para ser discutido y enriquecido con las propuestas de todos los estados. Aquí no han prevalecido nunca las «ventajas competitivas» de nadie porque el festival tiene una cronología. 

Esta conmemoración magnánima honra cada año a la Cultura Huasteca, aquella misma que, hermanada a la familia mayense, se estableció hacia 1500 a.C. en la costa norte del Golfo de México. Sí. La antropología física y la lingüística han establecido un vínculo axiomático entre los huaxtecas y la gran familia maya. Mas, desde un referente cultural, los huaxtecas se distancian de todos los demás pueblos mayas, y su lengua, perteneciente de suyo a esta familia, ha estado aparentemente aislada desde hace 3,000 años, lo cual se hace constar en especializados cortes estratigráficos…

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