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Marisela Escobedo: la madre que México asesinó tres veces

Por Yarahima N. García Carlos.

La justicia en México es para quien la puede pagar

Marisela Escobedo

Para esta semana, y en conmemoración del Día Internacional de la Mujer, me gustaría recomendar un documental que técnicamente está muy bien realizado y que aborda el feminicidio desde la voz de los familiares de la víctima: Las tres muertes de Marisela Escobedo (2020), dirigido por Carlos Pérez Osorio.

Cabe aclarar que es uno de los documentales más fuertes que he visto. Si bien las imágenes no son explícitas, la narrativa es dolorosa, cruel y, sobre todo, muestra una realidad que se vive día con día en México.

El documental narra la historia de Marisela Escobedo Ortiz, una madre que inicia una incansable búsqueda de justicia después del feminicidio de su hija, Rubí Marisol Frayre Escobedo, en 2008, en Ciudad Juárez, Chihuahua.
El principal sospechoso es su pareja, Sergio Rafael Barraza Bocanegra, quien confiesa el crimen y pide perdón por haberlo cometido. Desde el inicio de la relación entre Rubí y Sergio, Marisela no estaba de acuerdo con ella, ya que Rubí tenía apenas 13 años y él 25.

Durante los primeros años de matrimonio, la madre comenzó a notar que su hija se alejaba y que tenía problemas económicos. Un día decidió ir a visitarla junto a su nieta, pero Sergio le dijo que Rubí se había ido con otro hombre.

Marisela no creyó esta versión, pues le parecía impensable que Rubí abandonara a su propia hija. Ahí comenzó la cansada e injusta lucha de Marisela. La primera denuncia que realizó fue por desaparición; sin embargo, tardó un mes y medio en avanzar. Durante ese tiempo ella se movió por su cuenta, pegando folletos por el barrio donde vivían.

Hasta que un día un joven los citó para contarles que Sergio Rafael Barraza había llegado a una reunión con amigos a pedir ayuda para mover unos muebles. Cuando ellos llegaron, él les confesó que había matado a su esposa y que habían ido a tirar el cuerpo a las marraneras.

Esta información que recibió Marisela marca la primera muerte en la película: cuando le arrebatan el derecho de vivir a la hija más pequeña de la familia, asesinada por el hombre que decía amarla. En la audiencia, Marisela expresa: «Yo creía que amabas a mi hija y que le ibas a dar una sepultura digna, donde llorarle. Le echaste perlas a los puercos.»

Con esta información continúa la investigación por feminicidio. El culpable sería uno de los primeros en México en ser juzgado bajo este concepto. Marisela se presenta confiada en que las autoridades harán su trabajo, pues además del testigo protegido, el asesino confiesa y existen otras pruebas periciales, así como los restos de Rubí, que muestran que fue asesinada con violencia.

Sin embargo, al momento del juicio, los jueces absuelven al feminicida. Argumentan que justo ese año las leyes cambiaron y que el testimonio autoincriminatorio ya no era válido. Esta es considerada la segunda muerte de Marisela. Ella misma lo expresó diciendo: «Hoy me la volvieron a matar.»
Al día siguiente continúa la lucha: marcha diez kilómetros diarios, vestida sólo con la lona de su hija, realiza plantones y exige a las autoridades que detengan al culpable. La situación se volvió tan mediática que el gobierno de Chihuahua se vio presionado a emitir una orden de aprehensión, pero el responsable ya había huido.

Marisela, al ver la poca eficiencia de las autoridades y del gobierno, decide buscarlo por su cuenta y lo encuentra en Fresnillo, Zacatecas. Da aviso a las autoridades, quienes supuestamente realizan un operativo para capturarlo, pero nuevamente logra escapar.

Marisela Escobedo, junto con su familia y con otras madres buscadoras, realiza una caravana por toda la República, visitando fiscalías para informar sobre la situación y visibilizar el caso ante la ciudadanía. Finalmente llegan a la Ciudad de México, donde solicita una reunión con el entonces presidente Felipe Calderón, la cual le fue negada.

Durante esta búsqueda surgieron rumores de que Sergio Rafael Barraza se había incorporado al grupo delictivo «Los Zetas», que durante el sexenio de Felipe Calderón mantenía aterrorizada a gran parte de la población. Fue entonces cuando todo se volvió aún más complicado, pues, según las propias palabras de Marisela, integrantes de la policía le dijeron que no podían arrestarlo hasta que el mismo grupo delictivo lo entregara, evidenciando así los nexos entre el gobierno y el crimen organizado.
A pesar de todo, ella continuó luchando. Sin embargo, el 16 de diciembre de 2010 fue asesinada frente al Palacio de Gobierno del estado de Chihuahua. Esta es la tercera muerte.

Marisela incomodó. Expuso las deficiencias de la justicia en México, la relación entre el gobierno y el crimen organizado, y la violencia que viven miles de familias. Por ello le arrebataron la vida.

Esta historia es la prueba de que en México el feminicidio no termina con la muerte de la víctima. Continúa en los tribunales que fallan, en las autoridades que ignoran y en un sistema que protege a los culpables.
Por eso la mataron. Porque una madre que no se calla, que exige justicia y que expone la verdad, se vuelve peligrosa para un sistema que prefiere el silencio.

Marisela Escobedo fue y es un referente para la lucha feminista. Es un ejemplo de valentía. Este 8M, apreciado lector y lectora, recuerda que antes de juzgar un movimiento, voltea a ver las historias de violencia y cómo su lucha, al igual que la de Marisela, deja huella. Indígnate, sí, pero no por los espacios públicos, sino por las historias de feminicidios y violencias que vivimos las mujeres diariamente.