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Leyendo Los Miserables

Por Priscila Sarahí Sánchez Leal

¿Qué es esta historia de Fantina?

Es la sociedad comprando una esclava.

¿A quién? A la miseria, al hambre, al frío,

al aislamiento, al abandono, a la desnudez.

¡Un mercado doloroso!  Un alma por un trozo de pan;

la miseria ofrece, la sociedad acepta.


Los Miserables

Recuerdo ser pequeña y escuchar a mi papá conversar de múltiples libros. Con el tiempo, fui entregándome a algunos, olvidando otros, esperando el turno de unos más, incluso, dejando de lado, quizá injustamente, otros tantos. En estas últimas semanas, y sin planeación alguna, llegó el momento de Los Miserables (1862), de Victor Hugo, novela conocida como uno de los grandes clásicos de las letras francesas y de la literatura universal. 

Es una obra extensa que se torna imponente y, por ello, había postergado su lectura desde hacía años, esperando encontrar el “momento ideal” para leerla o tener el “tiempo suficiente” para adentrarme en sus páginas. Sin embargo, entre los quehaceres diarios a veces es complicado hallar ese “momento ideal” que, acaso, sea un mito, a veces es preciso conquistarlo, no importa si el tiempo de lectura es más breve de lo esperado.   

Aún a varios capítulos de terminar esta lectura, puedo decir que la novela me ha atrapado y me ha sacudido profundamente, he sonreído, me he puesto seria, he llorado y he pensado en cosas que, sin estas páginas, quizá nunca habrían atravesado mi mente e imaginación. 

La sensibilidad que habita en cada uno de sus personajes, situaciones y reflexiones es bella, en tanto que conmueve, trastoca, interpela al lector. En varias ocasiones escuché a mi papá hacer mención a esta novela y ahora me apena no recordar qué decía al respecto, qué le pareció, qué le gustó, qué fue lo que más removió la sensibilidad que en él, sin duda, había. 

Es maravilloso seguir de cerca las andanzas de Jean Valjean, joven y viejo; las ilusiones que Fantina mantiene aún en la desesperación; atestiguar el crecimiento de Cosette y, paralelamente, el de Marius, presenciar cómo se encuentran y se enamoran en medio de un contexto turbulento.

Los jóvenes revolucionarios —“los amigos del ABC”— del Café Musain; el viejo Mabeuf yendo a vender sus libros, uno por uno, para conseguir algo de dinero para su alimento y, después, de manera silenciosa entregándose y muriendo en y por la revolución. 

La muerte de Éponine, enamorada de Marius y no correspondida, víctima también de sus padres, los señores Thénardier, quienes hicieron sufrir a Cosette cuando niña. El niño Gavroche en las calles, viviendo en su elefante, arreglándoselas a solas, pero también ayudando a otros y creyendo en los ideales antimonárquicos, fraguados en el Musain. 

Son tantos los personajes y situaciones que aparecen en escena, que revelan el alma, que nos llevan al encuentro con la vida en las calles parisinas del siglo XIX, con el hambre, con la impotencia, con el primer amor y el desamor, con el placer hacia las pequeñas cosas, con la bondad y la maldad.

Si te gusta la literatura, no te puedes perder este magnífico viaje que bien vale cada momento de lectura, cada lágrima derramada, cada trasnochada y cada café que acompañe esta travesía.