La vida como relato: del monomito a la experiencia cotidiana
Priscila Sarahí Sánchez Leal
La narración es una forma poderosa
de dar sentido a nuestra experiencia
y construir nuestra identidad.
-Paul Ricoeur
El ser humano está constituido por relatos, pues más allá de contar historias de su entorno, se cuenta a sí mismo para dar sentido a su existencia. De acuerdo con Paul Ricoeur en Tiempo y narración, volumen II, la identidad no es una esencia fija, sino una identidad narrativa: somos el resultado de las historias que recordamos, reinterpretamos y proyectamos hacia el futuro. Vivir es, en buena medida, organizar la experiencia bajo la forma de un relato que le otorgue sentido al paso del tiempo.
En ese tejido narrativo se puede circunscribir lo que Joseph Campbell llamó el viaje del héroe o monomito, es decir, una estructura ancestral que atraviesa mitos, leyendas y obras literarias de distintas culturas y épocas. El monomito consiste en una serie de etapas que atraviesa el héroe, quien transita de un mundo ordinario a uno extraordinario, en donde se enfrenta a una serie de experiencias, pruebas y aventuras, con el fin de obtener una recompensa.
La primera etapa es la salida, en la cual el héroe está en el mundo ordinario, recibe el llamado a la aventura, que en un primer momento rechaza o se resiste a ella, pero una vez que la acepta se encuentra con un mentor y procede a cruzar el primer umbral.
En la segunda etapa, atraviesa por diversas pruebas, encuentra aliados y también enemigos; desciende a lo desconocido, que es la cueva más profunda, atraviesa la odisea o prueba más difícil del viaje y después obtiene una recompensa, que puede ser un aprendizaje significativo.
En la tercera etapa, que es el retorno, el héroe emprende el viaje de regreso, atraviesa la resurrección que es una última prueba que lo purifica, para finalmente volver al mundo ordinario con la recompensa, para compartirla.
Más allá de su dimensión épica, este esquema revela aquello que constituye lo más profundo del humano, en tanto que toda vida atraviesa momentos de quiebre, tránsito y recomposición. Toda crisis, decisión crucial, pérdida o descubrimiento puede leerse como una etapa de ese viaje simbólico.
Pensar nuestra vida personal, pero también la historia colectiva, a partir del monomito implica asumir y darse cuenta de que las experiencias de vida pueden reinterpretarse, más allá de una narrativa heroica.
Para ello, hay que reconocer en qué etapa del viaje nos encontramos (en la duda inicial, en la caída, en la prueba crucial o en el retorno), lo cual nos permite reescribir nuestra propia historia y comprenderla desde una perspectiva distinta y más profunda.
Nuestra vida se transforma en un relato abierto, siempre inacabado, pero con múltiples posibilidades, en donde es posible otorgar sentidos diversos, transitar el camino con una nueva mirada y abrazar el trayecto que en todo momento es transformador.