La nueva pobreza franciscana
Por Irene Escobedo
¿Es posible predicar estar del lado de los que menos tienen y al mismo tiempo vivir a la grande? En México y con la 4T sí, y con mucho estilo y muy poca discreción, aunque luego se ofenden porque se les descubren sus selectos gustos capitalistas.
Vuelos en clase premier, viajes al extranjero para sentir las brisas del Mediterráneo en Italia o la ultra modernidad de Japón. Los morenistas se han sabido adaptar y muy bien a los lujos y privilegios del mundo desarrollado, les ha embonado bien, ser de (nuevos) gustos exquisitos. ¿Puede haber mayor incongruencia?
Nuestra nueva clase política con suma disponibilidad pasó de la sencillez a la opulencia, del mezcal al champagne, de Tepito a París, del barbero de la esquina a salones de «Beautè» (así en francés) bueno, ya se olvidaron hasta de cómo se menea el atole. Lo de la austeridad en el discurso, eso es para el pueblo.
Y se replica a todos niveles, si no pregúntenle a Pedro el estilista zacatecano que cobra y muy bien por apapachar a domicilio (casi todos en Bernárdez) a los morenistas que recurren de manera habitual a sus servicios para sus rutinas de belleza y donde ellos y ellas comparten tratamientos faciales, se colocan extensiones, les pintan las canas, y no es lo único que comparten, también van al mismo cirujano plástico para aquello de las liposucciones y los aumentos de volumen de lo que (evidentemente) les hacía falta hace mucho.
Pero después de todo, ¿quién no quiere un poco de lujo en la vida? Solo que, en este caso, se les olvidó la lógica, armonizar aquello que predican con lo que practican, pues vaya que han encontrado la manera de aplicar una nueva forma de pobreza franciscana.