La mujer revolucionaria en el imaginario cinematográfico
Por Yarahima N. García Carlos
Para esta sección me hubiese gustado que me sucediera lo mismo que en la temporada de Día de Muertos, donde elegir solo una película no bastaba para representar la magnitud sociocultural de esas fechas, y otro elemento que me hizo no poder seleccionar solo una, fue la gran variedad de películas que mantienen una narrativa oportuna, significativa y creativa de plasmar las diferentes actividades de dicha celebración.
En esta ocasión no me permití elegir una sola película que hablara del papel de la mujer en la Revolución Mexicana, pero por motivos totalmente opuestos. La mayoría de las películas que vi sobre la Revolución Mexicana las mujeres interpretaban un papel complementario, y en aquellas donde son coprotagonistas o protagonistas, los personajes están estereotipados y fetichizados como recurso cinematográfico que no plasma el verdadero papel que hicieron las mujeres dentro de esta revolución.
Estoy consciente de que el cine no es un reflejo consciente y original de la realidad y que los recursos cinematográficos o licencias que se toman los directores son válidos dependiendo de sus objetivos y sus públicos, pero no encontrar un filme donde las mujeres en la revolución no sean etiquetadas como complementos, y en su caso de ser protagonistas se cruce una historia de amor, desamor y venganza que mueva el liderazgo de esa mujer poniéndola en un plano sentimental y no como un sujeto activamente político y social, es verdaderamente el sinónimo de invisibilización de la mujer como sujeto histórico y todo lo que esto conlleva.
Mencionaré algunos filmes donde el lector se podrá percatar de lo que describo: La Negra Angustias (1949), La generala (1970), Juana Gallo (1960), La rielera (1987), Si Adelita se fuera con otro (1948), La cucaracha (1959), El compadre Mendoza (1934), entre muchas más.
En aquellas películas donde la mujer es la protagonista, en su mayoría habla de una soldadera que, de acuerdo con Mercader (2010), en el cine tomó dos vertientes: «La primera corresponde a las películas más antiguas, y por lo tanto más cercanas al movimiento armado; en estas se encarna a la mujer aguerrida que se incorpora en los diferentes grupos revolucionarios de forma desinteresada, aunque muchas veces sea por seguir a su hombre por amor; a medida que participan en la lucha no dudan en dar su vida por él o por el país. El segundo caso son los filmes más recientes, en ellos los personajes femeninos se presentan estereotipados: mujeres coquetas, bellas, frívolas, con tendencias al romanticismo y carentes de un ideario político-social».
Este papel de soldadera que se ve en el cine no tiene nada que ver con lo que en realidad hacían: preparaban comidas, conseguían provisiones, cuidaban heridos, transportaban armas, equipo y pertenencias, combatían, viajaban en trenes. Muchas veces movidas por sus propias circunstancias contextuales, por ideologías políticas fijas, y cabe destacar que este trabajo les daba la oportunidad a las mujeres pobres de tener ingresos propios para ellas y sus hijos, incursionando a la mujer en el mundo económico. No falta mencionar que muchas de ellas también fueron explotadas, obligadas a prostituirse, etcétera.
En este texto describiré solo algunas de las funciones que realizaron las mujeres en la Revolución Mexicana; por cuestiones de espacio me limitaré a generalidades, porque sin duda hubo muchas cosas que hicieron que fueron indispensables en este suceso. Mi objetivo no es desmeritar los filmes que mencioné, simplemente advertir al público que estos se pueden ver con fines de entretenimiento, pero incitar a investigar más, a partir de lo que describiré, qué realmente hicieron las mujeres en la Revolución Mexicana.
Para ello me basé en Jaiven (1995), Rocha y Mercader (2010):Las mujeres que podían obtener educación y formación durante este periodo se encargaban de formar o colaborar en clubes liberales, antirreeleccionistas o de cooperación de grupos armados, así como fundaron periódicos de oposición al régimen y en defensa de las clases desvalidas, donde también abogaban por su situación como mujeres.
También se encargaban de escribir y publicar en periódicos sus ideas políticas de lo que estaba sucediendo. Belén Gutiérrez de Mendoza, otra columna como La Corregidora de Sara Estela Ramírez, La mujer moderna de Andrea Villareal «y muchos otros aparecidos en la primera década del siglo son el reflejo del empeño de estas mujeres por cambiar la inmutabilidad a que estaban sometidas a través de cambios políticos» señala Jaiven (1995, p. 89).Muchas mujeres ayudaron en complots, paso de armas, correos y difusión de noticias, fungían como enfermeras, establecieron bancos de sangre, bordaban estandartes, confeccionaban banderas, repartían proclamas y multiplicaron los manifiestos, formaban clubes de ayuda. Hubo mujeres en la milicia como Paz García, que fue coronela.
Jaiven (1995) también menciona que «durante la lucha armada, cuando se ocuparon de las tareas de la producción mientras sus hombres peleaban, sostuvieron sus hogares en pueblos, así como también solucionaron las necesidades cotidianas de los soldados de ambos bandos: cocinaron, lavaron, parieron, fueron a la guerra y dispararon al mismo tiempo; otras actuaban como voceras de propuestas políticas» (p. 91).Cabe destacar que a partir de sus escritos y todas las actividades que realizaron y las exigencias que pedían, fueron tema de conversación en disputas de políticas públicas como la ley del divorcio y la protección de las mujeres trabajadoras en el artículo 123.
Además de las mujeres cuyos nombres han quedado registrados en archivos y testimonios, existió un enorme número de mujeres anónimas cuya participación fue igual o incluso más determinante para el sostenimiento cotidiano de la Revolución Mexicana. Estas mujeres sin nombre representan a la mayoría: aquellas que, sin protagonismo ni reconocimiento, hicieron posible la logística, la subsistencia y la continuidad del ejército revolucionario, y cuyo legado permanece oculto pero profundamente arraigado en la historia social de México.
Y por último recomiendo la antología de Martha Eva Rocha Islas: El álbum de la mujer. Antología ilustrada de las mexicanas, elaborada en el seminario “Participación social de la mujer en el México contemporáneo” de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, donde habla más a detalle de mujeres conocidas y aquellas que no, en la revolución.
Hermila Galindo, la luchadora por el voto de mujeres.Impulsora del Semanario de la Mujer Moderna
Referencias bibliográficas:Mercader, Y. (2010). La mujer en el cine de la Revolución Mexicana. Anuario de Investigación, Universidad Autónoma Metropolitana–Xochimilco, 781–800.Rocha Islas, M. E. (s. f.). Nuestras propias voces: Las mujeres en la Revolución Mexicana.Lau Jaiven, A. (1995). Las mujeres en la Revolución Mexicana: Un punto de vista historiográfico.