La ansiedad y las experiencias que nos estamos perdiendo
Psicólogo clínico y criminológico Alejandro Murillo
Sentir ansiedad puede ser desesperante. Nos mantiene inquietos, preocupados y con la sensación de que algo malo podría ocurrir en cualquier momento. Y lo más complicado es que el miedo muchas veces termina convenciéndonos de que lo mejor que podemos hacer es alejarnos de aquello que nos provoca ansiedad. Pero entonces surge una pregunta importante: ¿cómo podemos salir de ese círculo?
Una forma de entender la ansiedad es verla como un temor hacia aquello que no sabemos qué va a pasar, especialmente cuando nuestras experiencias anteriores nos han enseñado a esperar algo malo. Pensemos en una persona que fue mordida por un perro. Años después, al encontrarse con uno en la calle, puede comenzar a pensar: ¿y si se acerca?, ¿y si me ladra?, ¿y si me muerde?, ¿y si no puedo escapar? Quizá decida cambiarse de banqueta o tomar otra calle para evitarlo. En ese momento siente alivio: ya no está cerca del perro y, por lo tanto, la ansiedad disminuye. El problema es que tampoco tuvo la oportunidad de descubrir qué habría ocurrido si hubiera continuado caminando.
Y aquí aparece algo importante: cuando evitamos constantemente aquello que nos da miedo, también evitamos tener nuevas experiencias. Si aquella persona solamente conserva en su memoria una experiencia cercana con un perro y esa experiencia terminó en una mordida, para ella resulta comprensible pensar que algo parecido puede volver a ocurrir. No porque todos los perros vayan a morderla, sino porque no ha tenido suficientes experiencias diferentes que le permitan descubrir lo contrario. Su experiencia anterior termina pareciendo una regla para todas las experiencias que todavía no ha vivido.
Por eso, uno de los elementos más importantes para tratar la ansiedad consiste en comenzar a enfrentarnos, poco a poco, a aquello que hemos aprendido a temer. Al principio puede ser difícil. La persona puede seguir sintiendo miedo, ganas de escapar o la necesidad de hacer algo para sentirse segura. Pero si logra permanecer en la situación, comienza a descubrir algo nuevo: “Estuve cerca del perro y no me mordió”. Después puede venir otra experiencia: “Pasó otro perro y tampoco ocurrió nada”. Y después otra: “Pude estar cerca de uno y, aunque sentí miedo, pude continuar”. Cada una de esas experiencias aporta algo que antes no estaba ahí.
Esto es importante porque una mala experiencia no significa que todas las experiencias futuras serán iguales. El problema es que la ansiedad muchas veces nos lleva a vivir como si aquello que tememos ya hubiera ocurrido nuevamente. Nos hace actuar antes de que suceda algo, escapar antes de comprobar qué iba a pasar y buscar seguridad antes de descubrir que quizá podíamos afrontar la situación. Por eso, superar la ansiedad no siempre significa dejar de sentir miedo antes de hacer algo. Muchas veces significa hacer algo a pesar del miedo y permitirnos descubrir qué ocurre realmente.
Es parecido a escuchar una canción que nos encanta. La primera vez puede emocionarnos muchísimo. La escuchamos otra vez y vuelve a producirnos algo, pero después de escucharla muchas veces comienza a sentirse diferente. Ya no genera la misma reacción que al principio. Con nuestras experiencias puede ocurrir algo parecido. Cuando constantemente evitamos algo, nuestra mente puede mantenerlo como una amenaza; cuando comenzamos a tener nuevas experiencias, esa historia puede cambiar.
Quizá por eso una de las preguntas más importantes que podemos hacernos ante la ansiedad no sea solamente: “¿Cómo puedo dejar de sentir miedo?”, sino también: “¿Qué experiencia nueva estoy evitando tener?” Porque a veces, para que el miedo cambie, primero necesitamos permitirnos vivir algo diferente.