Jerez quiere turistas, pero no puede con su basura
Desde hace varios años, los gobiernos municipales, estatales y el sector privado han apostado por el turismo como fuente de empleo e ingresos para Jerez. La estrategia de promover la vocación turística del Pueblo Mágico ha tenido relativo éxito, aunque muy lejos aún de los resultados que hace décadas se esperaban.
Sin embargo, la irregularidad del servicio de recolección de basura ha afectado la imagen del municipio. Los habitantes desconocen el horario en que pasará el camión, y recientemente se distribuyó un aviso en las viviendas indicando que los residuos ya no podrán dejarse en la vía pública esperando ser recogidos, sino que deberán entregarse directamente al personal del vehículo recolector.
La lógica detrás del aviso es curiosa: no es el servicio de recolección el que debe adaptarse a los horarios de los ciudadanos que trabajan y estudian, sino las familias las que deben ajustar su vida al paso de un camión sin horario.
Esto resulta problemático. A diferencia de hace décadas, cuando probablemente fue redactado el reglamento al que aluden los avisos, en la mayoría de los hogares todos sus miembros trabajan o estudian. ¿Qué tendría que hacer una familia de maestros? ¿Pedir permiso en sus escuelas para no dar clase un día a la semana y quedarse esperando al camión? Porque no se sabe si pasará por la mañana, a mediodía o por la tarde. ¿Qué hay de quienes trabajan en Zacateas y salen muy temprano de sus casas para regresar por la noche? ¿Para ellos no hay servicio de limpia?
Los municipios están obligados a establecer y publicar rutas, horarios y frecuencias del servicio, así como a colocar contenedores cuando la infraestructura sea deficiente. Otras ciudades mexicanas publican calendarios de recolección por colonia, operan aplicaciones móviles o permiten sacar la basura la noche anterior con una adecuada reglamentación del tipo de recipientes a utilizar. Jerez no ofrece ninguna de estas opciones.
La idea de que la sociedad gire en torno al servicio de recolección de basura es absurda.La situación se complica debido a los perros callejeros y aquellos que sus dueños dejan sin supervisión, los cuales rompen las bolsas de basura que permanecen durante horas en las calles, dispersando los desechos y creando condiciones insalubres. Resolver el problema de los canes en situación de calle fue uno de los compromisos de campaña del presidente municipal Rodrigo Ureño.
Además de afectar la imagen del municipio, los excrementos caninos visibles en prácticamente cada banqueta representan un riesgo de salud pública, pues transmiten parásitos y enfermedades.
Dicho todo lo anterior, el motivo real por el que ya no se recoge la basura dejada en la vía pública no es hacer cumplir un reglamento. Se trata de dinero: muchas de las personas que trabajan en el servicio de recolección no son empleados de la presidencia municipal, no reciben sueldo fijo, carecen de seguridad social y dependen de las propinas o de la separación de materiales reciclables.
Resulta lamentable que para el área de servicios municipales la opción sea dejar que la basura de quienes no dan propina a los recolectores — porque no están en sus casas o por cualquier otro motivo— permanezca en la vía pública, en lugar de regularizar la situación del personal.
El servicio de limpia es uno de los más básicos de cualquier administración municipal. No se trata de un favor que hace la presidencia a los jerezanos: es lo mínimo.