Navegar / buscar

Identidad y baile en Ya no esto aquí

Por Yarahima N. García Carlos

Cómo extraño mi sabana hermosa metida en la cordillera
Esperando que llegue la hora de regresar a mi tierra
En el valle de Pubenza me he metido
Lejanía que me tiene entristecido
En mi pecho floreció una cumbia de la nostalgia

Cumbia lejanía de Lisandro Meza

El filme del que hablaré esta semana es uno de mis favoritos, ya que combina la identidad, la memoria colectiva, la música, el baile y los procesos sociales en una serie de imágenes estrechamente vinculadas con la realidad.

La película Ya no estoy aquí (2019), dirigida por Fernando Frías, narra una etapa de la vida del protagonista, Ulises, quien pertenece a un grupo denominado terkos en una colonia de Monterrey. La historia se sitúa durante el mandato de Felipe Calderón y en el contexto de la llamada guerra contra el narcotráfico.

Los terkos son jóvenes con gustos musicales similares, particularmente las kolombias, que consisten en cumbias rebajadas: una alteración artificial de música popular colombiana como la cumbia, el vallenato y el porro. A partir de esta música se genera un baile específico que es adoptado por la mayoría del barrio. Estas prácticas se desarrollan en entornos de fiesta y convivencia, dentro de contextos hostiles marcados por la violencia, la marginación y la desigualdad.

El punto de inflexión del personaje ocurre cuando, por cuestiones de inseguridad, se ve obligado a cruzar a Estados Unidos. Como se ha mencionado, la historia se desarrolla en el marco de la guerra contra el narcotráfico; después de que asesinan a cuatro de sus amigos, Ulises tiene que huir a Nueva York.

En este nuevo lugar, conserva su estilo característico de terko kolombia, lo que provoca que sea discriminado por sus compañeros de trabajo y de vivienda debido a su apariencia, sus gustos y su forma de expresarse.
Lo que me gustaría resaltar en este texto son los siguientes componentes: la identidad, la apropiación del espacio urbano y la representación del cuerpo y la danza como estrategias de resistencia.

«La identidad social se genera a través de un proceso social en el cual el individuo se define a sí mismo a través de su inclusión en una categoría —lo que implica al mismo tiempo su exclusión de otras— […] su pertenencia al grupo va más allá de lo que piensa acerca de sí mismo, requiere del reconocimiento de los otros individuos con los que se relaciona […] Ahora bien, cuando los individuos en su conjunto se ven a sí mismos como similares y generan una definición colectiva interna, estamos frente a la dimensión colectiva de la identidad» (Mercado y Hernández, 2010: 234).

En la película se puede observar cómo la ropa, el corte de cabello y la música forman parte fundamental de esta identidad, especialmente en la escena en la que se integra a un nuevo miembro denominado «Sudadera». Para permitir su ingreso al grupo, lo visten, peinan y cortan el cabello de la misma manera que ellos, mientras le hacen preguntas sobre su vida y verifican si es similar a la del resto del grupo.

También se puede observar en una de las escenas más conmovedoras del filme, cómo Ulises renuncia a su identidad cortándose el cabello, y dejando toda su vida pasada atrás para poder regresar a su tierra natal y enfrentar de otra manera los retos de esta.

La apropiación del espacio es el proceso mediante el cual un grupo transforma un espacio físico en un espacio social y simbólico, a través de prácticas cotidianas, culturales y corporales. Dentro de la película se pueden observar varias escenas de este proceso, como cuando roban una lona política para diseñar su logo de «terkos» ahí, cuando salen bailando y cantando en las plazas y calles públicas.

La danza funciona como una estrategia de resistencia al convertirse en una práctica corporal que desafía contextos de violencia, exclusión y marginación.

En Ya no estoy aquí, el baile y la música no solo son una expresión estética, sino también una estrategia de resistencia, una forma de afirmar la identidad individual y colectiva frente a un entorno hostil.

A través del movimiento del cuerpo, los terkos resignifican el espacio urbano y se oponen simbólicamente a las dinámicas de control, miedo y estigmatización que los atraviesan. Bailar se convierte así en un acto político cotidiano que permite la permanencia de la memoria, el sentido de pertenencia y la resistencia cultural, incluso en situaciones de desplazamiento y desarraigo.

Referencias bibliográficas:
Mercado Maldonado, A. y Hernández, A. V. (2010). El proceso de construcción de la identidad colectiva. Convergencia. Revista de Ciencias Sociales 17(53), 229-251.