Globalización al revés, con el veto a la doble nacionalidad de candidatos
Irene Escobedo
Francisco Javier Cabeza de Vaca, Javier Corral Jurado, Jaime Bonilla o Ernesto Ruffo son algunos de los exgobernadores que, con doble nacionalidad, pudieron ejercer el cargo cuando la legislación exigía solamente ser mexicano por nacimiento, lo cual incluye a los nacidos en el extranjero de padres mexicanos.
Hoy la nueva legislación obliga a renunciar a la otra nacionalidad antes de postularse a una gubernatura, pero dependerá de al menos 17 congresos estatales que la reforma constitucional recientemente aprobada se ponga en marcha.
Está claro que esta modificación tiene nombre y apellido y va expresamente dirigida. Sin embargo, los legisladores parecen olvidar que ellos también un día pasarán a ser ciudadanos comunes y que esta regla puede afectar incluso al mismo partido que la emitió y la aprobó.
En México, este tipo de reformas constitucionales casi siempre se modifican aludiendo a la coyuntura presente, por lo que no sería difícil pensar que el propio partido en el poder podría enfrentarse en el futuro a limitaciones que impidan la llegada de líderes o candidatos a quienes tenga que cerrarles la puerta por la doble nacionalidad.
No olvidemos tampoco que hay un relevo generacional del que pueden surgir cuadros interesantes, aptos y capacitados, y que posiblemente también sean desechados por provenir de una comunidad migrante o binacional.
La buena noticia es que la reversibilidad también ha sido parte de la historia legislativa de México. En los 90, la Constitución determinaba que para ser presidente se tenía que ser hijo de padres mexicanos por nacimiento. Un revés oportuno permitió la llegada de Vicente Fox a la presidencia de México.
Pero la pregunta ahora es: ¿por qué se han concentrado en las gubernaturas? Indudablemente, porque es una reforma que va expresamente dirigida.
La propia presidenta Claudia Sheinbaum tiene ascendencia extranjera: es de ascendencia judía y sus abuelos llegaron a México provenientes de Bulgaria.
La migración ha estado presente en muchas otras figuras, como Emilio Portes Gil, cuya madre era originaria de República Dominicana, o Plutarco Elías Calles, de ascendencia italiana.
También durante la época colonial, figuras como Agustín de Iturbide o los primeros presidentes de México se distinguían por ser criollos, hijos de españoles peninsulares nacidos en la Nueva España.
La movilidad humana y la identidad binacional (lo han sido antes y lo son aún más hoy) son una realidad global que hoy en México verá modificaciones importantes, en las que, sobre todo, los hijos de nuestros migrantes verán limitados sus derechos.