Frankenstein y la crítica hacia los ideales de la ilustración (Parte II)
Por Priscila Sarahí Sánchez Leal
Medio sorprendido por la novedad de estos sentimientos, me dejé arrastrar por ellos; olvidé mi soledad y deformación, y me atreví a ser feliz. Ardientes lágrimas humedecieron mis mejillas, y alcé los ojos hacia el sol agradeciendo la dicha que me enviaba.
-La criatura de Frankenstein
Víctor Frankenstein se obsesiona con la idea de ser capaz de dar vida a un ser artificial, por lo que, tras incansables estudios, reúne diversas partes en un solo ser, sin embargo, una vez que lo logra, el creador lo rechaza, al no cumplir con las expectativas que él había proyectado en la criatura.
Bien, la criatura cobra vida y, al encontrarse solo, sale de casa y empieza una travesía por distintos sitios, pero en todos ellos el ser se ve rechazado por su apariencia que, según se describe, provocaba miedo, incluso asco.
Cuando la novela deja de lado la enfermedad y sufrimiento de Victor, se desplaza hacia la vida del “mounstruo”, quien, como un niño pequeño, está explorando el mundo y aprendiendo cosas de él con el mayor asombro y de la forma más genuina posible.
La criatura muestra gran fascinación y sensibilidad por todo aquello que le rodea y lo que va descubriendo. Cabe señalar que no se muestra violenta, malvada o agresiva, todo lo contrario. Desea compañía y afecto.
Se familiariza con las plantas, se conmueve ante la luna y el cielo, desde su refugio observa a otros seres humanos, a quienes ayuda en secreto y les toma un cariño especial, aunque ellos ignoran su existencia.
Observándolos aprende el lenguaje, llega a saber de los sentimientos y pasiones humanas, descubre la lectura y un sinfín de maravillosas historias. Más adelante, encuentra tres libros que serán significativos para este ser y para la novela en sí.
Los libros encontrados en el bosque son, curiosamente, Las desventuras del joven Wherter, de Goethe; Vidas paralelas, de Plutarco; y El paraíso perdido, de Milton. Estas obras le enseñan sobre la tristeza, el origen, el amor, la virtud y, desde luego, se familiariza con los ángeles caídos de Milton, sin embargo, cobra conciencia de que él, a diferencia de ellos, se encuentra realmente solo.
Decide preparar un primer encuentro con las personas que él, desde lejos observa, admira y quiere, los habitantes de la casita. No obstante, es a partir de este encuentro que las cosas cambian para la criatura.
Es su aspecto físico el que lo hace un ser indeseable y condenado a la marginación, lo convierte en un monstruo ante la mirada de los otros, pero la novela parece poner justo ahí el cuestionamiento, qué es lo que hace que lo monstruoso sea realmente monstruoso.
Hay un juego de perspectivas en donde confluyen cuestiones y temas diversos, sensibilidades distintas y formas varias de concebir el mundo. La novela, sin duda, entreteje una sensible historia de lo que es la alteridad, invitando a repensar, y no dar por hecho, nuestra propia humanidad.