Enrique Vila-Matas: muerte y recreación
Priscila Sarahí Sánchez Leal
Cápsulas literarias
La literatura contemporánea surge en medio de un periodo turbulento y devastador, marcado por la muerte, el exilio, la incertidumbre y la pérdida de identidad. La Modernidad se ve envuelta en constante destrucción, lo que no deja de reflejarse en la producción literaria de la época. Ante una vida desprovista de sentido, la angustia existencial da lugar al individualismo, así como a la falta de identidad y de certeza. En este contexto, la literatura se convierte en una forma de reaccionar ante los acontecimientos y de comprender la condición humana.
El escritor español Enrique Vila-Matas (1948) fue uno de los muchos escritores que vivieron la opresión franquista, motivo por el cual en 1968 se autoexilió a París, buscando ante todo una libertad, encontrada en la creación literaria. Allí empezó a gestar un estilo literario propio que oscila entre la ficción y la realidad, la literatura y la vida, en una constante dialéctica. París se convierteen un lugar fundamental para su escritura y en una referencia que aparecerá una y otra vez en su obra.
La escritura de Vila-Matas es una experimentación continua. Su literatura juega con distintos niveles narrativos, las transformaciones de los personajes y los cruces entre ficción y realidad, haciendo infinitas referencias al mundo literario y artístico. Su obra no se puede circunscribir a un género específico, porque su carácter experimental no se limita a ninguno, mezcla cuento, ensayo, novela y crítica literaria. Podría decirse que este estilo tiende más a la metaliteratura, pues, ante la imposibilidad de ser original, lo único que queda es recrear, en sus diferentes posibilidades, lo que ya se ha hecho.
En esta literatura del cambio, los personajes no son sujetos acabados, sino que están recreándose de forma continua. Se trata de personajes complejos, inacabados, que no están determinados por un estereotipo, sino que poseen una mayor libertad para desplazarse y estar en continuo movimiento. La identidad no termina de construirse, sino que se diluye en el mismo cuento.
En el libro de cuentos Suicidios ejemplares (1991), el suicidio no puede ser tomado como algo literal, pues se trata de un suicidio simbólico, que tiene que ver más con el grado de consciencia que cada individuo va adquiriendo a través de distintas experiencias de vida. El suicidio es una forma de transgresión, pues los personajes se enfrentan a la monotonía, viven situaciones límite y reconsideran su condición en el mundo. Matarse no está vinculado con la muerte como tal, sino con una reescritura que el propio sujeto hace de sí mismo, mediante el arte o a través de interactuar con el mundo desde una perspectiva nueva.
Cada personaje vive el suicidio de una forma distinta, librando sus propias batallas internas e intentando explicar la confusión en la que vive. Sin embargo, en esa búsqueda se vuelve más consciente de sí mismo y de su entorno. Los personajes no perecen ante el tedio o la imposibilidad de seguir adelante: lejos de esto, se entregan a las infinitas posibilidades de vivir de manera diferente.
El suicidio se transforma en una posibilidad de cambio. Los personajes se rebelan, buscando reconstruir su identidad perdida, y encuentran en el arte, en los viajes o incluso en las cosas sencillas una forma de sobrevivir al mundo. La literatura contemporánea, al cuestionar la identidad y la realidad, no se limita a representar algo, va más allá en tanto que cuestiona, duda y reinventa.