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El personaje literario

Priscila Sarahí Sánchez Leal

Cápsulas literarias

El mundo existe en el momento mismo en el que es narrado. El acto de narrar es inherente al ser humano, en tanto que es una forma de comprender el mundo y a sí mismo, narrar es mucho más que sólo contar historias, es intentar aproximarse a la realidad desde distintos ángulos, es tratar de conocerse a partir de lo otro y expandir la mente hacia nuevas posibilidades de comprensión. 

La literatura representa un intento por escapar de los parámetros establecidos, es una apuesta a que la realidad es algo que va más allá de lo que se cree. Adentrarse en el universo de la literatura es como lanzarse al abismo y descubrir un mundo que a pesar de estar ahí es ignorado por la mayoría, lleno de personajes que no terminan de ser escritos, que se redescubren en cada una de las páginas y cambian en cada lectura. 

Los relatos, a pesar de desenvolverse en un plano ficticio guardan una estrecha relación con el mundo real, lo cual los convierte en un punto de interés para el ser humano, en tanto que forman parte de una cultura y como tales reflejan elementos importantes de ella. Cada relato crea su propia realidad, conformada por espacios, personajes, tiempos, acciones y contextos específicos e imaginarios, pero que parten de un mundo real. El texto narrativo puede focalizarse en cualquiera de sus elementos, dando una perspectiva distinta desde cada uno. El personaje es uno de los puntos que se tornan más interesantes a los ojos del lector, puesto que son ellos los que interactúan con el mundo narrado.

A lo largo de la historia de la literatura se han hecho múltiples consideraciones del personaje, como ente literario, no obstante, es un tema que no se agota, pues en cada periodo histórico varía la visión que se tiene del personaje, así como las aproximaciones que se hacen a él. El personaje no es únicamente un ser ficticio, sino un reflejo del mundo y del ser humano en un momento dado. El pensamiento y sentir de una época se ven representados en su producción literaria, sobre todo en la construcción de los personajes, es por eso que los análisis de la identidad narrativa no pierden su vigencia. 

El personaje literario contemporáneo dista de la idea tradicional, más bien aristotélica, que se tuvo durante largo tiempo de cómo debía construirse un personaje. Si bien, según Aristóteles uno de los puntos medulares, en cualquier expresión artística, es la verosimilitud; este concepto no se ha perdido ni siquiera en la época contemporánea, pues aunque parezca que los personajes pierden todo el sentido de la verosimilitud, son congruentes al interior del relato y consigo mismos.

Se pudiera pensar que los personajes de la literatura contemporánea, en su mayoría, mantienen una distancia considerable con la realidad, sin embargo,  el mundo real tampoco es del todo verosímil consigo mismo. Estos personajes atraviesan por diversos cambios que los mantienen en una reconstrucción constante, por lo que el personaje inicial no es el mismo al final del relato. 

La identidad del personaje literario no puede permanecer estable, por lo que está en constante movimiento. Conforme los personajes van experimentando transformaciones en su interioridad, se va abriendo ante ellos un abanico de posibilidades, para escapar de la rutina y no seguir patrones preestablecidos. Hay situaciones que implican puntos de ruptura en los que los personajes modifican su postura frente al mundo.