El IMSS, orgullo nacional, cumple 83 años
Por Jaime Santoyo Castro
Creo que hubo una época en la historia de México en la que los gobiernos entendieron con claridad que su mayor responsabilidad era construir instituciones sólidas, permanentes y socialmente sensibles, capaces de atender las aspiraciones más profundas de la población.
Fue en ese contexto, durante el siglo XX, cuando nació una de las instituciones más emblemáticas y trascendentes del país: el Instituto Mexicano del Seguro Social.
La Ley del Seguro Social fue promulgada el 19 de enero de 1943, y el Instituto inició formalmente sus funciones el 10 de enero de 1944. No fue un acto improvisado ni coyuntural; fue el resultado de una visión de Estado que entendió que el bienestar social, la salud y la seguridad económica de los trabajadores eran pilares indispensables para el desarrollo nacional.
A lo largo de 83 años, el IMSS se ha consolidado como una de las instituciones con mayor arraigo y confianza social, precisamente porque se consagró al servicio de los trabajadores y sus familias bajo un profundo sentido de solidaridad. Desde su origen, el modelo del Seguro Social se sostuvo sobre tres principios básicos que, aún hoy, explican su grandeza: primero, que los jóvenes cotizan por los viejos; segundo, que los sanos cotizan por los enfermos; y tercero, que quienes más ganan contribuyen para sostener a quienes menos ingresos obtienen.
Gracias a estos principios, la atención médica, farmacéutica, quirúrgica, hospitalaria, de maternidad y de guarderías nunca ha estado condicionada al nivel de ingresos del derechohabiente. En el IMSS, la dignidad humana ha sido, al menos en su concepción original, el eje rector del servicio: todos los asegurados reciben atención en igualdad de condiciones, sin distinción económica.
Pero el Instituto fue más allá de su misión inicial. En 1973, durante el gobierno del presidente Luis Echeverría Álvarez, se reformó la Ley del Seguro Social para dar paso al régimen de Solidaridad Social, ampliando la cobertura de atención médica gratuita a grupos de población marginados, a través de los entonces llamados Hospitales de Solidaridad Social. Con ello, el IMSS reafirmó su vocación social y su compromiso con los sectores más vulnerables del país.
A lo largo de las décadas, el Instituto ha enfrentado enormes desafíos: el crecimiento demográfico, la transición epidemiológica, la presión financiera, la demanda creciente de servicios y, recientemente, la prueba más dura de su historia con la pandemia. Sin embargo, el IMSS ha resistido, no solo como estructura administrativa, sino como una institución viva, sostenida por miles de mujeres y hombres que todos los días cumplen su labor con profesionalismo y vocación.
Por ello, esta columna de opinión debe servir también como un homenaje sincero a los médicos, enfermeras, trabajadoras y trabajadores sociales, personal de consultorio, camilleros, radiólogos, químicos, laboratoristas, personal de intendencia, administrativos y a todos aquellos que, portando la camiseta del Instituto, han dado lustre y sentido humano a una de las instituciones más grandes de México.
En Zacatecas, el IMSS inició funciones en los municipios de Zacatecas, Guadalupe y Fresnillo en 1959, y su hospital fue construido en 1964 gracias al impulso del entonces gobernador José I. Rodríguez Elías. Para lograrlo, se incorporó a los trabajadores del Gobierno del Estado – quienes no estaban obligados al régimen del Seguro Social – convirtiéndose Zacatecas en el primer estado de la República en adherir a sus trabajadores a este sistema. Aquella decisión representó un beneficio histórico para miles de familias zacatecanas.
A 83 años de su creación, el IMSS sigue siendo, con todo y sus retos, un auténtico orgullo nacional. Defenderlo, fortalecerlo y mejorarlo no es solo una responsabilidad del Estado, sino un compromiso colectivo con la justicia social y la dignidad de millones de mexicanos.