El género de terror en el cine mexicano
Por Yarahima N. García Carlos.
El cine de terror es uno de mis géneros favoritos, porque desde sus inicios se atreve a explorar lo desconocido, lo sobrenatural, aquello que impacta en emociones como el miedo y la repulsión en el ser humano; en pocas palabras, desafía la normalidad, la ciencia, lo que es posible y contiene una creatividad inquietante.
El primer referente del terror cinematográfico es Georges Méliès; en 1896 dirigió Le Manoir Du Diable, considerada por muchos estudiosos la primera película de terror. Este género se consolidó en los años 20 en Alemania y se expandió a Estados Unidos en los 30.
El cine de terror mexicano tiene influencias de sus bases y sobre todo de la estética y narrativa del cine de Hollywood. Sin embargo, es interesante cómo este reinterpreta historias y leyendas de terror internacionales, así como adapta las propias en un filme.
Cabe destacar que individualizar un género como el terror es sumamente difícil ya que comparte características con otros géneros como la ciencia ficción y la fantasía. Por ello, en estas películas vemos una mezcla de estos elementos.
El cine de terror mexicano se hace presente en el declive del cine de oro, nace como una contranarrativa del «cine de calidad», y es considerado de acuerdo con González (2024) como un mix de elementos derivados de distintos géneros que pueden variar entre el terror hasta el cine de acción pasando por la ciencia ficción, en donde convergen luchadores, hombres lobo, vampiros, brujas, científicos locos, fantasmas, brujas y momias aztecas.
La llorona (1933) dirigida por Ramón Peón es considerada la primera película de terror mexicano. Aunque este género se popularizó en 1950 con filmes como: Ella, Lucifer y yo (1952), El pantano de las ánimas (1956), El hombre y el monstruo (1959) y El esqueleto de la señora Morales (1959).
Cabe destacar que la obra El vampiro (1957) de Fernando Méndez elevó al cine mexicano y pone de manifiesto la interacción entre los monstruos de Hollywood y las reinterpretaciones mexicanas.
En la historia del cine de terror mexicano, es importante recalcar un elemento que lo distinguió de otras producciones: la presencia de los luchadores. Un referente importante es el Santo, que se presenta como un justiciero simplificando la división entre el bien y el mal. Además agregan otro elemento importante como la comedia, diversificando este género.
En esta categoría podemos encontrar películas como: Santo contra las mujeres vampiro (1962), Santo contra los zombies (1962), Santo y Blue Demon contra los monstruos (1969), Blue Demon contra las diabólicas (1966) y Blue Demon contra el poder satánico (1966).
Estas películas fueron exitosas a tal nivel que fueron dobladas al inglés y exhibidas en varias cadenas televisoras. El cine de terror de México decayó en 1980, pero regresó en 1990 con el cineasta Guillermo del Toro, quien realiza obras explorando las diferentes emociones del ser humano.
A pesar de que estos filmes también son considerados «de mala calidad» de acuerdo a algunos intelectuales, es importante observar cómo se construyeron y cómo mezclaron elementos fantásticos, de leyenda y de historia prehispánica, así como su reinterpretación de monstruos de Hollywood con su toque mexicano. En conclusión, explorar lo extraño, lo raro, lo desconocido y en este caso lo popular y fantástico también debe ser considerado buen cine y ser reconocido.