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El error de cálculo en el proceso de duelo

Por el psicólogo clínico y criminológico Alejandro Murillo

El mapa no es el territorio

Actualmente se habla mucho sobre las llamadas fases del duelo. La negación, el enojo, la negociación, la depresión y la aceptación forman ya parte del conocimiento popular cuando se intenta explicar qué ocurre emocionalmente después de una pérdida. Sin embargo, pocas veces se profundiza verdaderamente en la lógica detrás de este modelo y, sobre todo, en sus limitaciones.

Muchas personas llegan a creer que las fases del duelo son una especie de camino obligatorio, casi como un mapa exacto que indica qué se debe sentir, en qué orden, durante cuánto tiempo y de qué manera. Como si el sufrimiento humano pudiera organizarse metódicamente en una secuencia precisa de pasos emocionales.

Pero nada más lejos de la realidad.

Las fases del duelo propuestas por Elisabeth Kübler-Ross en su libro Sobre la muerte y los moribundos representan un enorme aporte para comprender las reacciones humanas ante la pérdida. Sin embargo, el problema comienza cuando el conocimiento popular reduce toda la complejidad del duelo únicamente a memorizar cinco etapas.

Y es precisamente aquí donde aparece una idea fundamental: el mapa no es el territorio.

Un mapa sirve para orientarnos. Simplifica la realidad para volverla comprensible. Nos ayuda a tener una referencia de hacia dónde ir o qué podríamos encontrar en el camino. Pero ningún mapa puede representar completamente la complejidad del terreno real.

El duelo funciona exactamente igual.

Las fases no son reglas rígidas ni estaciones obligatorias por las que todas las personas deban pasar de forma lineal. No son un checklist emocional. No existe una obligación psicológica de sentir primero negación, luego enojo, después negociación y así sucesivamente hasta llegar a una aceptación final perfectamente estable.

El sufrimiento humano no funciona de manera tan ordenada.

Hay personas que nunca experimentan claramente alguna de estas fases. Otras viven varias al mismo tiempo. Algunas creen haber llegado a la aceptación y semanas después vuelven a sentir enojo o tristeza intensa. Y eso no significa que estén “retrocediendo” o haciendo mal su duelo.
Simplemente significa que son humanas.

El problema de convertir las fases del duelo en una fórmula rígida es que muchas personas terminan sintiendo culpa por no encajar dentro del esquema. Comienzan a preguntarse si están sanando “correctamente”, si ya deberían sentirse mejor o si existe algo mal en ellas por seguir sufriendo después de cierto tiempo.

Y paradójicamente, eso puede generar todavía más dolor.
Porque el duelo no es únicamente tristeza. También puede incluir confusión, alivio, culpa, ansiedad, vacío, desesperanza, enojo o incluso momentos de aparente normalidad. Hay días en los que la pérdida pesa como una montaña y otros en los que pareciera desaparecer momentáneamente para luego volver de golpe ante una canción, un lugar, un olor o un recuerdo.

La pérdida no desaparece siguiendo un calendario exacto.

Quizá una de las formas más sanas de entender las fases del duelo es verlas como referencias emocionales posibles y no como reglas absolutas. Como intentos de describir algo profundamente humano, complejo y cambiante.

Porque al final, ningún modelo psicológico, por útil que sea, puede capturar completamente el territorio emocional de una pérdida.