El deseo
Por Priscila Sarahí Sánchez Leal
Sólo se desea aquello que no se tiene. Eros alberga en sí mismo una fuerza vital y dinámica que emana de la falta y, es esa fuerza, la que nos pone en marcha.
En El banquete, Platón representa a Eros, como hijo de Penía (la pobreza) y Poros (el recurso o abundancia), de manera que el deseo hereda la carencia de una y el ingenio del otro. Eros desea siempre porque algo le falta y esto es lo que lo conduce a inventar y redescubrir nuevos caminos.
El deseo no se reduce al impulso erótico o romántico, sino que está también en aquello que nos lleva a escribir, viajar, descubrir nuevas experiencias y explorar nuestras pasiones.
Habita en la fuerza que empuja al artista a crear algo que es aún inexistente o al lector que se sumerge entre las páginas de un libro, buscando conocimiento u otras perspectivas del mundo.
Pese a que el deseo no garantiza la satisfacción, mantiene el dinamismo, la búsqueda constante, se cuela por las grietas de lo que nos falta y nos seduce, nos encauza a emprender nuevos caminos, por más sencillos que éstos parezcan.
Eros alberga nuestros deseos más genuinos y, aunque a veces, decidimos ignorarlos y continuar un camino más pasivo, ceder a su fuerza es entender nuestra incompletud y desplegar otras vías, aún en detalles pequeños y cotidianos.
En la búsqueda, Eros nos transforma y nos mantiene con una visión más abierta ante la vida y sus múltiples posibilidades.