Covid y fragilidad humana
Jaime Santoyo Castro
Desde su existencia hasta nuestros días, la especie humana ha enfrentado muchos y muy diversos peligros y obstáculos, que van desde sus dificultades para alimentarse, para vestir, para afrontar las diferencias de razas, de idiomas, de creencias, de ideas, de religiones, de guerras y de enfermedades. En todas, ha salido adelante, pero ha tenido que pagar costos muy elevados y dolorosos. Los más duros han sido las enfermedades, porque lesionan, discapacitan, duelen, generan ansiedad, desesperación, hambre, afectan la economía, y matan; pero no hacen diferencias; lo mismo pegan a blancos que a gente de color; a ricos y pobres; a creyentes y no creyentes, a gentes de izquierda o de derecha, a poderosos y no poderosos. No hay, aunque se diga, enfermedades etiquetadas para diferentes clases; atacan lo mismo a unos que a otros; quizá algunos tengan más recursos para protegerse, o más fortaleza por su alimentación y sus hábitos, o más alternativas para atenderse, etc.; pero nadie está exento de sufrirlas.
Tal es el caso del COVID, que ha unido a todo el mundo en la exigencia de cambiar hábitos de vida y actualización de normas del trato social, influyendo en la higiene, en la educación, en el ámbito laboral, uso de alternativas tecnológicas, comunicación, costumbres religiosas, etc. El COVID nos ha recordado que altos, chaparros, gordos, flacos, feos, guapos o como sea, somos humanos y en tales circunstancias somos tan frágiles, que en un abrir y cerrar de ojos, o de fronteras, somos atacados y estamos desprovistos de medios para defendernos.
La humanidad tan poderosa, ¡¡ha debido hincarse ante la presencia de este flagelo!!
De pronto nos olvidamos que los humanos somos igual de frágiles, y que no hay uno solo, por poderoso que sea, que se salve ante estas inclemencias, que nos muestran cómo se mueren nuestros familiares, vecinos, amigos, y o desconocidos. Todos por igual, a pesar de nuestras diferencias.
La exigencia actual es reducir el riesgo de nuevas pandemias, o prepararnos para enfrentarlas mejor. Las políticas públicas deberán orientarse a modernizar la gobernanza ambiental; a identificar zonas de riesgo y ampliar su gasto para incentivar la investigación y la prevención, pero principalmente a construir economías que cuiden nuestros recursos naturales y a dictar nuevas normas del trato social cuidando de no incurrir en el descuido y en la frivolidad