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Control de daños

Por José Guillermo P.H.

Siempre es igual, los gobiernos de la 4T tienen un manual que se aplica con la disciplina y convicción de un catecismo. Ante cualquier polémica, contratiempo o estrepitoso fracaso, el procedimiento es siempre el mismo.

Uno: negar lo evidente. No importa el tamaño del problema. Basta cerrar los ojos e imaginar que no existe. Si hay cifras, se desestiman. Si hay testimonios, se ignoran o descalifican. Si hay video; es falso, IA o se cambia de tema.

Dos: encontrar culpables —sí, culpables de eso que, según el paso anterior, no existe; aquí la congruencia no aplica—. Echan mano de rivales políticos, periodistas, empresarios, las propias víctimas, los enfermos, gobiernos extranjeros, Calderón, o cualquier personaje del pasado, del día antes de que llegaron hasta Hernán Cortés, siempre y cuando no esté ya purificado y pintado de guinda, claro.

Tres: aplaudirse a sí mismos. Entre ellos se adulan, se reconocen, se felicitan por lo extraordinariamente bien que están haciendo las cosas. Si se puede emplear términos como histórico, bendito, sin precedentes o cualquier otra grandilocuencia, mejor.

Lo que está ocurriendo hoy con los campesinos productores de frijol es de manual. Literalmente. Niegan que los coyotes se hayan adueñado de los programas sociales. Dicen que los campesinos protestan por motivaciones políticas, que los programas de acopio funcionan mejor que nunca. Y el clásico: el problema no es nuevo, es culpa de los gobiernos de antes.

Ni por error a alguien se le ocurre asegurarse de que los apoyos lleguen a quien deben llegar; de combatir el coyotaje, que es precisamente el motivo por el que se crearon esos programas. Nadie piensa en vigilar la correcta operación de los mecanismos de acopio. Y mucho menos alguien habla de investigar y castigar los actos de corrupción que los campesinos han denunciado.

Y sobre las afectaciones al turismo que pudieran derivar de las protestas, el gobierno evidentemente no se hará responsable —no esperemos que haya milagros—. Lo que sí habrá es un coro de apoyo al gobernador, quien será pintado como la pobre víctima de unos campesinos malvados, opositores, avariciosos, desestabilizadores, y cualquier otro adjetivo que se les ocurra para voltear la narrativa.

En el gobierno tienen su manual, y lo siguen al pie de la letra. Lo que no tienen, es vergüenza.