Confluencias
Por Dr. Arturo Gutiérrez Luna
Unidad de Estudios Jerezanos
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Disentimientos a propósito de la gesta de las ideas
Una cuestión importante para las autoridades, los agentes culturales, los investigadores y la población jerezana en particular, es la relativa a dar honra a las personalidades que nos dan bienes para nuestra formación y nuestro desarrollo intelectual. En ese caso, debemos de señalar algunas cuestiones que describen el tipo de legado que dejó Larroyo para las nuevas generaciones.
Tal como se ha señalado, resulta notable en la producción de la época el énfasis en la sistematización de su pensamiento en piezas de carácter investigativo, panorámico y puntual. Los libros de Larroyo son testimonio de un trabajo comprometido con la escritura basada en la investigación. Escribe con la extrema cautela que da la opinión fundada, en todo caso se trata de una consideración crítica.
Larroyo realiza una gran labor en relación con la explicación de las ideas.
A mi me gustan los libros del jerezano porque enseña a pensar. Va sin prisa dando lugar a la aclaración de los conceptos. Te va dejando saber los términos de las teorías, los sistemas que dan sentido a sus reflexiones. La lectura de sus claridades, no admite que se le entienda como un autor habilidoso con la pluma. Importa más señalar el rigor con el cual llena sus páginas. Más allá de la facilidad que presentan sus pliegos, en realidad están haciendo un llamado a la reflexión. En ese caso se encuentra el último libro dado por el escritor jerezano a la imprenta en el año 1976: Filosofía de las Matemáticas.
Me interesa llamar la atención sobre algunas afirmaciones de Francisco Larroyo acerca de los temas distintivos de su pensamiento.
Sobre la educación y la filosofía
«La educación, como función social, tiene que ser una función filosófica. No puede ser de otra manera. Si no hay una filosofía de la educación, no hay educación.»
La influencia de su maestro Antonio Caso lo marcó para siempre al grado de llegar a imitar algunas de sus líneas. Admiró en su maestro la pulcritud en las expresiones. Reconoció en él un afán por la palabra precisa. Admiró la astucia en la explicación de conceptos e ideas. Bajo su tutela aprendió a escuchar y a escribir.
Con timidez atrevió los trazos de Los principios de la ética social (1936) una obra compuesta para pensar la importancia radical de la ética social en el siglo XX. En aquellas páginas se propuso indagar las cuestiones determinantes de esta disciplina del saber. Hurgó hasta aclarar los términos para llegar a entender sus justos términos. El ansia de verdad irrume en sus textos. Conmueve cada línea del filósofo jerezano. Escribe la persecución de las ideas, inventa fórmulas interpretativas y crea así un discurso basado en el ejercicio de la razón.
Fue moldeando el arte de las notas de investigación en La filosofía de los valores (1936) que caracterizarían sus propias páginas. El tono de esta incursión supuso adoptar una metodología comprometida con el rigor. Se decantó en textos de la reflexión.
Emprendió el camino del pensar y apostó por el discurso racional. Su escritura se volvió estricta, apelaba a la cultura, refería a logros de la humanidad y los sopesaba en relación con las nuevas conquistas culturales.
En estas obras encuentra algo más que un estilo. Haya la posibilidad de la duda. En su discurso se estructura un camino que lo aleja del estilo y lo coloca entre las ideas. Desde entonces, el autor brega con ellas y las oportunidades de su contradicción. Así se convierte en sus páginas en un transeúnte de las ideas.
Me encontré un libro de Caso y construye su escritura con una orientación de claridad. La persona humana y el estado totalitario y El peligro del hombre, dadas originalmente al público en 1941 y 1942, respectivamente, ciertamente encontramos a un gran disertador, pero, ante todo, nos encontramos frente a un maestro. El intelectual escribe como quien enseña. Ejerce la docencia en esas páginas deslumbrantes.
Conviene destacar que Caso había realizado incursiones en el periodismo donde se convirtió en un ejemplar practicante. Sus contribuciones las realizó en El Universal desde 1937 y las continuó hasta 1942. Todo los cual resulta en un preámbulo a la mancuerna productiva del maestro Antonio Caso y su discípulo destacado Francisco Larroyo.
En 1950 se da una colaboración con su maestro Antonio Caso. En esta pieza ambos autores realizan ante sus lectores una práctica de filosofía y educación.
En este año sus lectores asistimos a un lujo no menos importante cuando pudimos encontrar a ambos pensadores escribiendo el volumen Filosofía de la Enciclopedia práctica Jackson. Un ejercicio de diálogo permeó aquellas memorables páginas estimulantes del auto aprendizaje y el autodidactismo. La escritura se convierte en una conversación que fija términos, que explica, que hace accesibles preocupaciones y perspectivas de hombres y mujeres de todas las culturas para hacerlas próximas y nuestras.
En este proyecto, era preciso decantar los conocimientos en explicaciones concisas. Se requería la consideración de las competencias irrenunciables y su aprendizaje cabal. Las páginas resultantes son una prueba de rigor y economía del lenguaje; resguardo del sentido estricto de los saberes, al mismo tiempo que escritura sucinta.
Sobre la importancia de la historia:
Larroyo concedía una importancia crucial a la historia.
«La historia es la conciencia del pasado y, por lo tanto, la base para la comprensión del presente y la proyección hacia el futuro.»
El jerezano consideraba que la historia aclaraba el pasado con la creación de una memoria intelectiva sobre los hechos. Se trata de dar lugar a su discernimiento. De tal manera que los hechos suponen un punto de partida para explicarlo. Luego de estos avatares de desciframiento puede y debe aportarse una proyección hacia el presente. De esta forma, la historia marca el presente y atisba rasgos del inminente futuro.
Discutir la filosofía latinoamericana:
Larroyo presenta periodos muy productivos en el ámbito del pensamiento. En su estudio llega a afirmar: «La filosofía latinoamericana no es una simple repetición de las ideas europeas, sino una reflexión original sobre los problemas y desafíos de nuestro continente.»
Las palabras del jerezano se convierten en pensamiento lo antes posible. La hipótesis principal del jerezano apunta a apreciar el pensamiento de nuestra región y presumir un pensamiento con personalidad propia. De acuerdo con sus consideraciones, la filosofía latinoamericana no repite los postulados europeos.
Reconoce un pensamiento endógamo, original y el cual se abre paso con consistente presencia. Es visible que Larroyo propuso una gran perspectiva analítica a ese respecto; la discusión sobre el quehacer reflexivo en Latinoamérica.
A modo de conclusión
Las consideraciones precedentes intentan aclarar el sentido polígrafo de los trabajos de Larroyo. Su labor con las ideas va más allá de las palabras. Quien crea en las ideas de Larroyo encontrará un camino de libertad, una solución a problemáticas y una oportunidad de experimentar prácticas de libertad mediante la filosofía y la educación. Estas páginas pretenden contribuir en una mejor comprensión de su alto y preciso pensamiento filosófico.
Referencias:
1 Francisco Larroyo (1947). Filosofía de la Educación. México: Porrúa, p.15.
2 Antonio Caso, La persona humana y el estado totalitario; El peligro del hombre, Obras completas VIII, 1975, México, UNAM.
3 Rosa Krauze ofrece un seguimiento de las versiones previas de los dos libros en las páginas de El Universal Véase: Antonio Caso, La persona humana y el estado totalitario; El peligro del hombre, Obras completas VIII, 1975, México, UNAM, pp, 425 y ss.
4 Francisco Larroyo y Alfonso Caso, Filosofía, volumen V, Enciclopedia práctica Jackson, 1950.
5 Francisco Larroyo, (1949). Historia Comparada de la Educación en México. México: Porrúa, p. 67.
6 Francisco Larroyo, (1958). Historia de la Filosofía en Latinoamérica. México: Porrúa, p. 3.