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CONFLUENCIAS

El ilustre jerezano Francisco Larroyo es autor de decenas de libros cuya puesta en circulación puso en la mira problemas cruciales de la cultura contemporánea mexicana. Sus pensamientos en materia educativa estimularon la reflexión para la generación de políticas públicas educativas inclusivas y de reconstrucción del tejido social.

Sus estudios sobre distintas áreas de conocimiento favoreció el encuentro transdisciplinar y crítico. Sus obras de filosofía crearon la apertura indispensable para la conversación instigadora del diálogo y la crítica de las ideas, más allá de toda suerte de ideologías maniqueas.

CONFLUENCIAS se ocupa de propugnar por el aprecio de la amplia gama analítica que caracterizó el emprendimiento investigativo del filósofo jerezano. Advertimos que la investigación de este pensador ha de emprenderse más allá de la revisión de su teoría pedagógica, en la medida en que su obra considera la investigación de la filosofía, la ética, la estética, la lógica, la psicología e, incluso la historia de las ideas.

El estudio que se propone en estas páginas de CONFLUENCIAS se fundamenta en la premisa de que esta diversa producción intelectual de Larroyo constituye una oportunidad para la comprensión de temáticas con un sustento dialógico y para la conversación misma.

Adicionalmente, se sugiere un abordaje más allá de la anécdota, en todo caso, dando lugar a la semblanza intelectual y a la revisión de las ideas larroyistas. Asumiendo que más allá de la anécdota, queda el aporte intelectual del insigne intelectual. Su obra relampaguea más allá de tales linderos.

Francisco Larroyo y López Velarde Iridiscencia intelectual

La iluminación de la obra de López Velarde alcanza a trastocar a las nuevas generaciones por la excelencia con la cual está escrita, pero, asimismo, debido a la profundidad de sus consideraciones. En todo caso, hablaríamos de una hondura que recrea la vida, por la inteligencia con la cual aborda sus preocupaciones y la reflexión a que se avocan sus páginas.

Estas observaciones permiten formular la hipótesis de que existe un puente intelectual entre los dos intelectuales según la cual quedan hermanados en el abordaje de sus respectivas temáticas en aguas profundas. ¿Qué relación existe entre López Velarde y Francisco Larroyo? Es la lectura de las obras clásicas la que los convierte en naturales y profundos autores.

1. Autores subrepticios

López Velarde y Larroyo abonan en la inmersión de sus lectores. Los dos son escritores subrepticios cuyas páginas consignan un trabajo reflexivo. El misterio del poeta, alienta nuevos asombros. Pedro de Alba apunta la reflexión profunda que le hiciera a solas López Velarde aquella noche de 1918, después de la cena con amigos:

Él (López Velarde) era enemigo de términos absolutos o categóricos, pero aquella noche habló de eternidad; sus planes inmediatos o sus pasos futuros, los meditaba de acuerdo con su temperamento ensimismado, y hasta me habló de un enlace canónico sin formas convencionales y dentro del más sobrio estilo, de acuerdo con su recato interior su miedo a exhibirse en ceremonias oficiosas.1

La iluminación de la obra de LóMás allá del avistamiento según el cual se asumía candidato a contraer un compromiso de la mayor importancia, López Velarde se enfrenta a la reflexión astuta y trascendente. Es el sentido de las palabras de Julio Torri, quien afirma:

López Velarde es nuestro poeta de mañana, como González Martínez lo es de hoy y como lo fue de ayer Manuel José Othón.2 Tu palabra más futil es combustible de mi fantasía, y pasa por mi espíritu feudal como rayo de sol por una umbría. 3

2. El tiempo de vida vs el tiempo de incidencia

Considerando la incidencia de la obra del poeta jerezano universal, hemos de reconocer la resonancia mediante la cual sigue hablando al futuro, a los lectores del porvenir. . La vida y la obra vertiginosa, que no improvisada de López Velarde no obsta para advertir el abordaje de ciertas temáticas.

Una profunda reflexión se aloja en estas consideraciones del poeta jerezano universal. Le calan las astillas del poderoso León y estabilidad, la abnegación, dela Virgen. Siempre meliflua existencia confluyendo en la inestabilidad, en la incertidumbre y en aquella palabra poderosa y sugerente; en zozobra.

En “Boca flexible, ávida…” usa por primera vez el vocablo “zozobra”, título con el cual publicaría siguiente libro.

Un alma (…) que es llevada y traída por vientos contrarios, y que paga así su afán mitológico de enclavarse en el Zodiaco, igualando la soberanía del León o la radiosa compostura de la Virgen. Sólo he pretendido captar el matiz que ganaría la naturaleza si usted concurriese a mi paisaje de soledad, de vehemencia y de melodía.

3. Artificio y estructura

Figuraron ambos sumergidos en aguas profundas en que alientan su obra de ambos intelectuales. En este contexto, llama la atención el puente ideas entre López Velarde y Francisco Larroyo.

Desde la fecha de superstición en que colmaste el vaso de mi júbilo, mi corazón oscurantista clama a la buena bondad del mal agüero; que si mi sal se riega, irán sus granos trazando en el mantel tus iniciales; y si estalla mi espejo en un gemido, fenecerá diminutivamente como la desinencia de tu nombre.4

Hay una interacción secreta que revela la resonancia de que el filósofo hace de versos del poeta. La indagación de los anclajes de francisco Larroyo en López Velarde muestra, por lo pronto, dos punteros modernizadores; su inquisición rutinaria y su indagación a profundidad. Los dos escritores conquistan su mundo cultural mediante la libertad y la toma de conciencia; ambos son propiciadores de una labor a conciencia sobre su objeto de trabajo.

Me parece que por amar tanto Voy bebiendo una copa de espanto

Será el desbordamiento que viene de la abundancia la que provea la nota distintiva de su poesía. Pero en el caso de su prosa poética, resalta la cuestión que asume la circunstancia de forma por lo demás ingeniosa, siempre a través del tamiz del sacro arte de la escucha.

Pocas emociones habrá más voluptuosas que a altanería del alma, que se nutre de su propio acíbar y rechaza cualquier alivio exterior. 6

Algo de poeta y filósofo ronda al poeta universal al evocar al padre de la vida ecuánime y austera y contundente de la vida ensimismada.

No, yo no sospechaba llegara a decir tal cosa. Mi tristeza, aunque tumultuaria, era simple como la conciencia de las vírgenes que comulgan al alba y después de comulgar rezan dos horas, y después de rezar dos horas, al volver a su casa, beben agua por un laudable escrúpulo. Mi primer soneto no miró venir el cortejo vívido de los goces materiales, ni mi primera lágrima vio dibujarse en lontananza la confortante silueta de Epicuro.

¿Qué pensarían álamos y fresnos si descubriesen en el rostro de su habitual visitante de aquella época, las huellas del placer? Hoy mi tristeza no es tumulto, sino profundidad. No tormenta cuyos riesgos pueden eludirse, sino despojo inviolable y permanente de un naufragio. Pocas emociones habrá más voluptuosas que la altanería del alma, que se nutre de su propio acíbar y rechaza cualquier alivio exterior.

Si para Larroyo la escritura constituye una inmersión en su haber de ideas; en cambio, para López Velarde supondrá una bocanada de aire para alimentar el alma en medio de la turba y la zozobra.

Tal vez la cumbre de la vida nos da, como sensación principal, la de nuestra situación entre dos firmamentos: uno carbonizado y otro flameante, como casulla de abril. Y ante el seguro temor de que el carbón se propague a la casulla, quisiéramos fijar el tiempo desbocado, como se fija un corcel, por la brida, en un tronco; y entregarnos a lo estacionario, a lo anodino, o, cuando más, tomar dosis homeopáticas de ironía y de emoción, de piedad y de licencia, como en la cuarteta de Herrera y Ressing: Rezar un avemaría Rimados por la cintura, Y sorprendernos el cura En esa impropia armonía.8

Extrañamente insertos en una misma tradición humanista, ambos emergerán de dicha experiencia hasta alcanzar la orilla de la escritura en sus vidas. Los dos se inclinan escuetos, sobrios y cautelosos en la deriva de las escritura. El intelectual y el escritor se hunden ideas adentro, entre prejuicios y saltan al aire en una sacudida que hace chapalotear las conciencias. Uno y otro coinciden en sesgar su propia vida más allá de la anécdota con tal de darle sentido, de alcanzar la gloria y reflejar tal resplandor.