Celebración de la existencia en “Una hoja de hierba”
Por Priscila Sarahí Sánchez Leal
La vaca que pasta, con su cabeza gacha, supera todas las estatuas.
Walt Whitman
«Creo que una hoja de hierba no es menos que la jornada de trabajo de las estrellas», así inicia el poema “Una hoja de hierba”, de Walt Whitman, pero qué clase de mirada logra ser capaz de encontrar en una hojita de hierba algo tan vasto como el universo.
Quizá la respuesta tenga que ver con la sensibilidad, no entendida como fragilidad, que es la acepción que se le suele dar. La palabra deriva del latín sensibilĭtas, la cual deriva de sensibilis (capaz de percibir sensaciones) y sensus (sentido o percepción).
Permitirse sentir, estar abierto al entorno y dejar que el mundo nos afecte. Percibir, siguiendo a Whitman, “que una hormiga es perfecta”, “que la rana es una obra maestra”, “que un ratón es milagro suficiente”, “que la articulación más pequeña de mi mano, avergüenza a las máquinas”.
Detenerse en lo cotidiano y lo pequeño, sin subordinar la sensibilidad a la razón, advertir la complejidad de lo micro y lo macro, desautomatizar el día a día, volver la mirada a la fuente inagotable de asombro que hay en lo inmediato.
Whitman poseía, sin duda, esa capacidad. En vez de buscar lo extraordinario en sitios remotos, hallaba motivos de asombro en las cosas más sencillas. Su poesía está poblada de cuerpos, hierba, caminos, trabajadores, animales, piedras, ciudades y paisajes. Todo forma parte de una misma celebración de la existencia.
En sus versos no hay jerarquías rígidas entre lo que se considera “importante” y aquello que pareciera “insignificante”, en tanto que todo puede ser contemplado, experimentado y habitado. La sensibilidad tampoco implica una escisión con la realidad, sino adentrarse más en ella.
*Serrat recitando “Una hoja de hierba”: https://www.youtube.com/watch?v=yEHlupQzXeg&list=RDyEHlupQzXeg&start_radio=1
Imagen: IA