Aceptamos el amor que creemos merecer
Psicólogo clínico y criminológico Alejandro Murillo
A día de hoy, sigue siendo, desafortunadamente, muy común que muchas personas permanezcan en relaciones violentas. Ante esto suele surgir una pregunta: ¿por qué? ¿Por qué alguien permanecería en una relación donde sufre?
Existen múltiples explicaciones, y una cosa es clara: el coeficiente intelectual no tiene nada que ver con ello, aunque con frecuencia se hagan comentarios que intentan reducir el problema a una supuesta falta de inteligencia.
Una de las primeras razones es que muchas personas no identifican correctamente la violencia. En consulta, cuando pregunto si consideran que están en una relación violenta, la respuesta suele ser «no». Sin embargo, conforme comenzamos a analizar conductas concretas, esa respuesta cambia.
La violencia no son únicamente golpes, patadas o agresiones físicas. También puede manifestarse en comentarios que degradan, humillan o desvalorizan a la otra persona. Puede aparecer cuando se utiliza el silencio, se bloquea deliberadamente a la pareja o se deja de responder con la intención de generar ansiedad, miedo o incertidumbre. Eso también es violencia: violencia psicológica.
Este tipo de violencia deja heridas profundas. Deteriora la autoestima, la confianza y la percepción que la persona tiene de sí misma. De hecho, una estrategia frecuente de quienes ejercen violencia consiste en convencer a su pareja de que no vale lo suficiente, de que nadie más la querrá o de que no merece algo mejor.
Cuando una persona llega a creer ese mensaje, deja de buscar una salida. No porque quiera sufrir, sino porque ha sido llevada a pensar que no tiene otras opciones o que no merece una vida diferente. Es entonces cuando la violencia logra instalarse y mantenerse en el tiempo.
Por eso, quizá la frase debería completarse de otra manera:
No solo aceptamos el amor que creemos merecer. Muchas veces aceptamos el amor que nos hicieron creer que merecíamos.
Y esa diferencia puede cambiar una vida.