A días que inicia la feria, calles del centro de Jerez lucen sucias, polvorientas y abandonadas
La Feria de Primavera ya casi está aquí. El gobierno municipal ha anunciado que se espera un número de visitantes mayor al de otras ocasiones, y para recibirlos se está dando mantenimiento a las instalaciones de la Feria y a varios otros espacios. Todo suena bien, hasta que uno sale a caminar por el centro de Jerez.
Desde hace meses se dejó de barrer buena parte de las calles del centro. Antes, las llamadas hormiguitas pasaban muy temprano por las distintas calles del primer cuadro, barriendo y recogiendo la basura que el viento acumulaba en esquinas y banquetas. Hoy esas hormiguitas parecen haber desaparecido de algunas de sus rutas, y con ellas desapareció también cualquier apariencia de orden en buena parte de las calles céntricas.
Son varias las calles del centro que se encuentran llenas de tierra y basura, situación que se agrava por la importante cantidad de fincas abandonadas o desocupadas la mayor parte del año: en esas casas no hay quien salga a barrer la banqueta. Tampoco pueden hacerlo las personas de edad avanzada que viven solas — algo frecuente en el centro—. Sin el personal de limpia, estas zonas se ven cada vez más descuidadas.
A eso hay que sumar otro problema que cualquiera que camine por Jerez conoce de sobra: los desechos que dejan en la calle los perros callejeros y los de dueños irresponsables —ambos casos abundan—, y que obligan a los peatones a caminar mirando el piso como si atravesaran un campo minado.
Es evidente que la limpieza del municipio es una responsabilidad compartida entre quienes aquí vivimos y el gobierno, y no se trata de echarle toda la culpa a la autoridad, pues si nadie tirara basura, no habría necesidad de recogerla, por ejemplo. Pero los servicios de limpia existen porque son necesarios en absolutamente todas las ciudades. Hace poco se documentaron las deficiencias en la recolección de basura y los problemas que generaban; parece que eso se ha corregido al menos parcialmente. Bien.
Pero de cara a una temporada en la que se esperan miles de visitantes, en un Pueblo Mágico que ha apostado por hacer del turismo su vocación, barrer la calle parece algo demasiado básico como para pasarlo por alto.