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A propósito del día del café

Priscila Sarahí Sánchez Leal

Una muy buena bebida que llaman chaube, tan negra como la tinta, útil contra numerosos males, en particular los males del estómago. Sus consumidores lo toman en el Este por la mañana, con toda franqueza, en una copa de porcelana que pasa de uno a otro y de la que cada uno toma un vaso lleno. Está formada por agua y el fruto de un arbusto llamado bunnu.

Leonhard Rauwolf

Es curioso que pasaran varios siglos sin que Occidente sospechara la existencia del café, que se consumía de diferentes maneras en el mundo oriental desde tiempos remotos. Una vez que el café llegó al continente europeo, fue para quedarse. Ricos, pobres, intelectuales, artistas y ociosos abrazaron por igual esta singular bebida, descrita en los anuncios ingleses, de mediados del siglo XVII, como “inocente y simple, incomparablemente buena para los afligidos por la melancolía.”[1] Cabe mencionar que el café era considerado medicinal y se recetaba para tratar algunos malestares tanto físicos como emocionales.

Las historias y leyendas que intentan explicar cómo se descubrió el café, así como sus propiedades, son variadas, sin embargo, no cuentan con un sustento objetivo, aunque resultan atractivas para los amantes de esta bebida. Fue en países como Arabia y Etiopía (antigua Abisinia) donde se hizo el hallazgo de la planta del café y, poco a poco, se fueron descubriendo maneras distintas de consumirlo, no tanto por placer, sino como una fuente de energía y por sus cualidades medicinales.

Alrededor de los siglos XI y XV se fue logrando un proceso de cultivo y domesticación del café en el Medio Oriente, aunque hay registros de que algunas tribus africanas desde siglos antes lo consumían tostado y molido, durante sus expediciones guerreras. Era una costumbre molerlo y mezclarlo con manteca para hacer bolitas y comerlo, con el fin de aprovechar sus efectos, sobre todo en las batallas. En Arabia se cultivaba el café desde el siglo XII y fue por medio de este país que el consumo se extendió hacia otras naciones orientales y después a Europa.

En el año de 1475 apareció la primera cafetería en Estambul, Turquía, que en ese entonces era Constantinopla. Más tarde, se fueron popularizando los establecimientos para beber café, ahora sí por el mero placer de hacerlo. No obstante, en 1511, el gobernador de La Meca llamado Khair Bey, junto con algunos doctores y botánicos de la época, empezó a sospechar que el café era una bebida que resultaba tóxica para el cuerpo, además de modificar el comportamiento de las personas, por lo que prohibió su consumo y se cerraron las cafeterías que había hasta entonces.

Ante esta prohibición, estudiosos, comerciantes y religiosos protestaron, de manera que el sultán del Cairo hizo caso omiso de lo dispuesto por Khair Bey, ya que el café contaba con tanta popularidad que era una fuente de ingresos, prohibirlo representó un déficit en la economía en países como Egipto, Turquía y Arabia, por mencionar algunos de los que lo comercializaban. Así, el café siguió su trayectoria, extendiéndose cada vez más.

El impacto que desde entonces causó el tomar café tuvo implicaciones sociales, culturales y económicas en Medio Oriente y África septentrional, por lo que para el año de 1600 había cerca de un millar de cafeterías en El Cairo. Tras varios siglos de formar parte de la cultura oriental, el café llegó a Europa, en donde significó algo más que una nueva bebida y posibilidades económicas. Representó nuevas costumbres y estilos de vida, influyendo en distintas áreas de la cultura occidental y siendo parte de grandes movimientos políticos, sociales, culturales y artísticos. En este sentido cabe subrayar las palabras de Ramón Gómez de la Serna, pues en efecto el café pasó a ser un andén de la vida misma.

El registro más antiguo de un europeo bebiendo café corresponde al año de 1583 y se trata de un médico alemán, llamado Leonhard Rauwolf, quien llevaba diez años viajando por el Medio Oriente y fue el primer occidental en describir la bebida. Según sus palabras, refería el café como:

[…] una muy buena bebida que llaman chaube, tan negra como la tinta, útil contra numerosos males, en particular los males del estómago. Sus consumidores lo toman en el Este por la mañana, con toda franqueza, en una copa de porcelana que pasa de uno a otro y de la que cada uno toma un vaso lleno. Está formada por agua y el fruto de un arbusto llamado bunnu[2].

A pesar de mantenerse resguardado en Oriente, el café en Europa forjaría una historia propia, con repercusiones en distintos ámbitos, no sólo como una bebida sino representando un importante papel socializador y toda una institución de la conversación. Con el paso del tiempo, los cafés se fueron convirtiendo en lugares cálidos, en los que las voces se cruzan, proliferan las costumbres, los periódicos y libros se despliegan en las mesas, detonando diversas opiniones de la vida pública de tal o cual sociedad, incluso temas de interés general.


[1] Novo, Salvador, Cocina mexicana o Historia gastronómica de la Ciudad de México, p. 81.

[2] Rauwolf, Leonhard, Los viajes del Dr. Leonhart Rauwolf en los países del Este. Fue editado en inglés en 1693 como una colección de relatos de viaje.