El pensamiento o la acción en Cervantes o la casa encantada, de Azorín (parte I)
Priscila Sarahí Sánchez Leal
Cápsulas literarias
Soñar, soñar… Dormir, dormir… Imaginar, imaginar.
Y, ¿qué es la vida sin imaginación?
Y, ¿qué es la vida sin misterio?
[…] ¿Y la acción que requiere intrepidez, audacia,
desdén de lo conocido y amor hacia lo desconocido?
-Cervantes o la casa encantada
Cervantes o la casa encantada es una obra de teatro dividida en tres actos y un epílogo, publicada por Azorín en 1931 en España. Se trata de un texto breve y cautivador en el que se pone en escena el delirio de un poeta.
Víctor es un poeta que cae gravemente enfermo y, en estado de inconsciencia, delira toda una noche. A la mañana siguiente, su fiel sirviente Postín le cuenta todos los devaneos de su amo a Durán, un periodista interesado en escribir acerca de la vida y obra de Víctor.
En el primer acto sucede este encuentro entre Postín y Durán, luego aparecen el doctor e Isabel, la esposa del poeta, quien cuenta acerca de la obsesión de su marido por poder terminar la obra en la que está trabajando, titulada La casa encantada, un poema del que hablaba en sus delirios, así como de Cervantes.
En este acto también se introduce un segundo nivel narrativo, que consiste en el relato que empieza a contar Postín. En esta historia, Víctor alienta a Postín a que vayan a visitar una casa encantada, en la que, según rumores, acontecen ciertos peligros a los que nadie se atreve a enfrentar.
Hay un paralelismo entre Víctor y Postín con Don Quijote y Sancho, los primeros soñadores y ávidos de aventuras, en tanto que los segundos fieles servidores, aunque más temerosos y con un sentido más práctico de la vida.
Mientras se dirigen a la casita encantada, se encuentran con Doña María, una viejecita que les advierte de los peligros de ese lugar y los hace desistir de su aventura; no obstante, más adelante aparece una joven y bella moza, también llamada Isabel, quien de forma encantadora los impulsa a ir hacia el misterio y lo desconocido.
“Emprenda usted el viaje; sea usted animoso. […] Le espera a usted la demostración de su curiosidad intelectual.” Con estas palabras, Isabel logra que Víctor y Postín sigan adelante y lleguen hasta la casita, lo cual le produce un gran pesar a Doña María, para quien “la locura es siempre funesta.”
En el segundo acto, ambos están en la casa, en cuyo interior no perciben nada fuera de lo común, si acaso que está un poco abandonada y llena de polvo. Víctor invita a Postín a disfrutar del silencio que ahí habita y se disponen a cenar lo que el sirviente preparó en la alforja.
Se encuentran tranquilos, conversando y degustando los alimentos, cuando Postín interrumpe la charla, al sentir que la casa había temblado…