Sangría diaria II
Lic. Alejandro Enríquez Suárez del Real
Estimado amigo, al leer tu columna la semana pasada, no pude más que contener la rabia e impotencia que genera tu aguda descripción de la situación actual de nuestro estado y ciudad. Si bien es cierto que la nostalgia puede nublar la razón y los sentimientos pueden impulsarnos a ver que todo es maravilloso, la plática y descripción de la situación por diversos actores de la sociedad y amigos no dan margen de interpretación a lo que acontece en Zacatecas.
La extorsión afecta directamente a la economía y va, como flecha de güichichil envenenada, hacia la sociedad en su conjunto. Es una guerra de guerrillas en la que, como siempre me decías, yo pecaba de inocente o de muy positivo; por lo que creo que sí se puede ganar. Es aquí donde teníamos esas largas y gratas conversaciones sobre el cómo y la disposición de la sociedad y el tejido empresarial.
Sigo siendo un firme creyente del trabajo en comunidad, del que nadie es más fuerte que todos juntos, pero sobre todo de la imperiosa necesidad que ahora nos obliga a todos a mirarnos a la cara y a reconocernos mutuamente como parte de la solución y no del problema, los que vivimos fuera y los que están ahí. Pero, sobre todo, percibo como nunca la posibilidad real de la unidad como única salida. Para serte honesto, no sé si por necesidad o por mera conveniencia, pero hasta los empresarios lanzaron un llamado a la unidad: unidad independiente, valiente y objetiva, tal como debe ser y como se dijo en su momento.
Me sigue preocupando que el gobierno, en sus tres esferas, sigue siendo un lastre, una barrera e incluso parte del problema, al destruir, impedir y minar el desarrollo de instituciones que fortalecen a la sociedad. Pero aquí es donde la unidad real, y no convenenciera y mezquina, se debe imponer. No debemos pelear con el gobierno, ni tampoco ser amigos de quien está en la silla; debemos ser agentes de exigencia en el mejoramiento. Es un trabajo diario y frontal, sin resabios ni obtención de medallas individuales; son luchas permanentes que hemos dejado de hacer por la subsistencia diaria, debido a la sangría que describes.
Hacer comunidad sigue siendo mi propuesta y creo que es la única solución real probada mundialmente, pero comunidad real: combativa, unida, fuerte por lazos de resultados comunes, y no de aquella que va tras los logros de pequeños grupos o fracciones sociales. Hacer comunidad reside en ver por el otro y por el resultado de todos, y no en cómo estar bien yo a costa del que da la cara.
Estimado amigo, coincido plenamente en que la llegada de un mesías no será la solución. Incluso el más grande mesías de la historia nos enseñó que la clave de vivir en este mundo es que nos amemos los unos a los otros, como él nos ha amado: un simple mensaje tan lleno de las soluciones comunitarias que ahora requerimos.
No debemos dejarnos llevar por ese desánimo y desencanto social, y menos por la ineptitud y estupidez de los gobiernos. Demostrémosles que los zacatecanos estamos hechos de otra pasta, pero sobre todo, que el trabajo todo lo vence.
Por lo tanto, los invito a que nos definamos como una sociedad y generación incluyente, pero sobre todo colaborativa, donde los pequeños esfuerzos de todos sean la gran solución. Hagamos comunidad; juntos podemos hacer de Zacatecas un ejemplo de cómo se puede salir avante, no obstante todas las adversidades, incluida la estupidez gubernamental sistematizada.