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A propósito de La Ilíada y La Odisea: entre Escila y Caribdis (parte I)

Por Priscila Sarahí Sánchez Leal

Cápsulas literarias

Dónde radicará la potencia de una obra cuando, pese al tiempo, enigmas de autor, traducciones, imprecisiones históricas y literarias, sigue siendo significativa, propiciando conversaciones, interpretaciones y nuevos imaginarios en torno a ella. 

Por qué textos tan antiguos y, aparentemente, tan lejanos a nuestro contexto cultural, social, histórico y político, como La Ilíada y La Odisea, nos son reveladores, incluso cuando el texto al que nos aproximamos es tan distinto respecto del original. 

Según los datos que se tienen, La Odisea se compuso hacia finales de siglo VIII a. C., sin embargo, hay un gran vacío respecto a su autoría; se dice que Homero no existió como tal, ya que es escasa la información que se tiene de su identidad. 

La llamada “cuestión homérica” ha debatido si Homero fue un solo poeta si fue realmente el autor de La Ilíada y La Odisea, o si ambos poemas son resultado de una larga tradición oral, que reunió diversas voces y relatos transmitidos durante generaciones en la antigua Grecia. Esta discusión se suma al enigma que hay en torno a estas obras. 

Por otro lado, La Ilíada refiere hechos asociados con la Guerra de Troya, un conflicto que tradicionalmente se ha situado a finales de la Edad del Bronce, mientras que La Odisea narra los diez años que tardó Odiseo en volver a Ítaca después de la guerra. No obstante, la composición de ambos poemas tuvo lugar varios siglos después de los acontecimientos que se relatan.

Entonces, ¿cómo se puede hablar de precisión histórica? Sobre todo cuando nos encontramos ante historias esencialmente míticas, mediadas por el paso del tiempo, la transmisión oral, un sinfín de traducciones, ediciones diversas, los múltiples cambios, interpretaciones y desdibujamientos que han modificado nuestra relación con ellas. 

Acercarse hoy en día a obras como La Ilíada y La Odisea implica navegar entre Escila y Caribdis; por un lado, está el riesgo de intentar encontrar en ellas una representación exacta del pasado; por otro, el peligro de alejarlas tanto de su contexto que olvidamos la tradición cultural de la que surgió. 

Entre ambos extremos se encuentra la riqueza histórica, simbólica y cultural que sí ha logrado sobrevivir al paso del tiempo y, pese a los abismos que nos separan, es interesante que las dos obras referidas alberguen aún sus potencias, aún y cuando hayan sufrido cambios de diversa índole.