Empatía colectiva, ¿activo en política?
Por Irene Escobedo
El alcalde Miguel Varela está gobernando Zacatecas con un sello muy particular: la política de la empatía. Se está demostrando como un político de puertas abiertas que incluso le llega de sorpresa al vecino que celebra su cumpleaños o a la señora convaleciente. Debemos admitirlo, hay en Varela una camaradería natural y la gente lo celebra y él se presta y pone de buen humor a todos alrededor. Es la política a ras de tierra que tanto pide la gente, mejor dicho, la que tanto añora la gente cansada de la acartonada burocracia de hoy.
Este escenario, sin embargo, para quienes tienen memoria política en Zacatecas, produce un inevitable déjà vu.
Resulta imposible no trazar un paralelismo con el Ricardo Monreal de los años 90, aquel que llegó a la gubernatura con un arrastre popular histórico. El diputado construyó su mito político precisamente sobre esa base: una franca y abierta cercanía, un aprecio genuino por el contacto popular y una sonrisa permanente que derribaba cualquier protocolo. Él era el político complaciente, el que escuchaba, el que abrazaba a todos, a cada uno. A muchos nos tocó desayunar en la propia casa, en la propia mesa con Ricardo Monreal que llegaba para compartir los nopalitos, el huevo con jamón y el café de olla a las casas de los zacatecanos.
Pero el tiempo, la madurez política y los cargos nacionales o quizás hasta el desgaste propio del ejercicio del poder abrieron una brecha que hoy parece ensancharse y a ello contribuyó tajantemente David Monreal y por supuesto hasta Saúl, aunque el más pequeño de los Monreal sigue empujando para generar empatía cantando todos los jueves en su red social, es desafinado, pero cae bien. Regresando a aquella cercanía de Ricardo Monreal, se ha ido transformando y el monrealismo hoy enfrenta duras críticas y aunque Ricardo sigue siendo el que tiene mayor simpatía y popularidad entre los miembros de su familia, ya no es aquel político de la sonrisa constante.
Valga esta reflexión para preguntarnos ¿hasta dónde un gesto de sencillez, empatía y cercanía es tan auténtico y sobre todo necesario dentro de la política como para que no solamente sea una fórmula momentánea?
La historia nos demuestra que muchos políticos suelen iniciar sus carreras con una evidente proximidad social, pero acaban por aislarse. Pero hay ejemplos también de políticos que nunca practicaron ni tampoco se interesaron en generar la empatía, ni antes de llegar, ni aun estando en el poder y de esto hay ejemplo claro en Zacatecas actualmente.
Lo cierto es que nuestro estado vive una realidad compleja y precisamente por esto la empatía colectiva se vuelve un activo invaluable. Al final de cuentas la ciudadanía no solo busca quién administre el poder, sino quien tenga el liderazgo para saber escuchar, sensibilidad para percibir el pulso de la gente y para no tener que llegar a convencer de que hay cercanía, cuando ya el caos lo tienen encima y quizá venga lo inevitable por el choque social que finalmente se produce: la alternancia en el poder.