Un artista del hambre: ¿virtud o insatisfacción?
Por Priscila Sánchez
Cápsulas literarias
“Nunca encontré algo que me gustara”, declara el artista del hambre, cuyo nombre nunca se revela. Se trata de un cuento de Franz Kafka titulado así, “Un artista del hambre”, que plantea la desconcertante situación de un hombre cuya habilidad en el mundo del espectáculo consiste en ayunar.
Parece tratarse de un hombre mayor, quien se encuentra encerrado en una jaula y es observado por el público, siendo uno de los que atrae un mayor número de gente. En la jaula aparece el número de días que lleva de ayuno y diariamente se cambia, sin embargo, algunos espectadores creen que se trata de una estafa.
Por la noche hay guardias, quienes vigilan que, en efecto, el artista no coma nada, aunque otros prefieren dejarlo a solas, para darle la posibilidad de que ingiera algún alimento, lo cual ofende al hombre profundamente, al saberse capaz de dominar su arte.
El tiempo límite establecido por el empresario es de cuarenta días de ayuno, no obstante, el artista se considera capaz de resistir mucho más. Una vez que llega el día cuarenta, el espectáculo consiste en abrirle las puertas de la jaula y recibirlo con un banquete que come con desánimo.
Con el tiempo, el interés desaparece, se ve en la necesidad de buscar otro sitio para su espectáculo, así, llega a un circo en donde lo ubican en una jaula cerca de donde están los animales. Nadie recuerda siquiera contar los días de su ayuno y éstos van pasando hasta que se olvidan por completo de él.
En un primer momento, el narrador hace pensar que estamos ante un asceta, un hombre capaz de dominar el cuerpo y sus necesidades mediante la voluntad. Sin embargo, Kafka desmonta esa imagen en una de las confesiones más memorables de su obra.
Poco antes del fin, el artista revela que nunca ayunó por virtud, sino que jamás encontró un alimento que le gustara, de manera que el ayuno no le implicaba el más mínimo sacrificio, demeritando así su propio quehacer, que un principio deseaba que fuera admirado.
El ayuno pasa a ser el síntoma de una insatisfacción más profunda, ya que no estamos ante un personaje que renuncia al mundo, empero, el mundo es incapaz de ofrecerle aquello que pueda alimentarlo, acaso literal y metafóricamente.
Ahora bien, ¿cómo leer este cuento en la actualidad? Se vive rodeado de opciones, promesas de “bienestar” y estímulos permanentes, pero pese a su accesibilidad, la sensación de que “algo falta” se percibe cada vez más acentuada.
Por otro lado, el cuento podría estar refiriendo el constante estado de insatisfacción que sin duda hay en el artista, quien, ante un mundo que no es capaz de ofrecerle lo que le guste y necesita, debe reinventarse y crear uno propio, aunque eso le implique el ayuno simbólico de lo que el mundo ofrece como “bienestar”.