Roberto Ojeda Alcalá, el abogado, futbolista y amigo
Por Ricardo Evodio Cabral Vera
Aquel 23 de noviembre de 1986 iniciaba un nuevo torneo del futbol local; era mi primer evento deportivo como reportero de Diálogo y había permanecido todo el día en el campo Ramón López Velarde viendo los encuentros; aparte, esperaba el debut, que ese día no se dio, con mi nuevo equipo, Frutería Hernández.
De pronto vi que me señalaban y alguien dijo: ese chavo pita; aún no existía el Colegio de Árbitros y no tenían un voluntario que se hiciera cargo de la final, a la que habían avanzado el Diálogo y Jornadas; llegaron de los dos equipos y de la liga a pedirme el apoyo y prestarme un silbato; lo pensé un poco para decidirlo, pues solo había arbitrado en infantiles, juveniles, femenil y segunda fuerza, nunca en primera, pero acepté.
Encuentro apretado, muy parejo; de pronto una jugada en el área de los del semanario y Jornadas parecía concretar, pero vi claramente al jugador adelantado, pité y levanté la mano; como rayo, el defensa central, al cual años atrás había visto jugando en el Fraccionamiento Alameda y que, supongo, no escuchó el silbatazo, se dejó venir y me pegó un empujón con el pecho, nada serio pero suficiente para tipificarlo como conducta incorrecta; “¿qué no ves que es fuera de lugar?”; le dije: sí, señor, ya lo marqué y usted se va expulsado. Renegó, intentó reclamar, pero Martín Castañeda lo tranquilizó y escuché que le dijo: “ya, Charro, ya lo marcó”, y lo encaminó hacia la línea.
En el transcurso de la semana llegó a la oficina de Alejandrina Camargo 10, el propio goleador y capitán del equipo, para ver lo de los nuevos uniformes, y le dijo a mi director: aquí está el que expulsó al Charro (cito el mote, con todo el respeto que me merece); sorprendido, mi jefe volteó y dijo: ¿expulsaste al Charro?, y ambos soltaron la risa.
A la temporada siguiente, seríamos compañeros con la playera del Diálogo y, siempre que alguien sacaba a relucir aquella anécdota, “¿te acuerdas cuando te expulsó?”, él simplemente respondía: mis respetos para don Evodio, somos buenos amigos.
Así conocí al futbolista, que muchos consideraban rudo; ocho meses después conocería al profesionista, cuando me tocó ver nacer el Colegio de Abogados de Jerez, en un encuentro fortuito en el restaurante Casa Blanca Rix; Ojeda, con sus colegas José de Jesús Guardado (QEPD) y Armando Ramírez, preparaban la toma de protesta del Colegio y nosotros realizábamos los preparativos para los diez años del periódico (en dos semanas cumple 49).
Lo ocurrido en el campo de juego fue el origen de una buena amistad; acudí acompañando a mi director al primer evento que encabezó el presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, Pascual Santoyo Reyes, y a partir de ahí muchos más del organismo que Ojeda presidió en varias ocasiones.
Me invitaba a fiestas y convivencias, a jugar futbol con los litigantes y a todo lo que organizaba, me platicaba sus proyectos y yo les daba forma de noticia, por muchos años en el Diálogo y más tarde en Página 24; la biblioteca de consulta jurídica, para apoyar a estudiantes del Derecho, fue su gran sueño y no descansó hasta verlo realizado, además de procurar tener un espacio para brindar asistencia jurídica a personas que no pudieran pagar, y también lo hizo realidad.
En el año de 1995, se integró al servicio público como Juez Municipal, seleccionado por el Supremo Tribunal de Justicia del Estado, en una terna enviada por el Ayuntamiento encabezado por Arturo Villarreal Ávila; creo que es la única ocasión en que fue parte del gobierno. Pero como presidente del Colegio, siempre procuró trabajar de la mano con las autoridades, aunque hay que decirlo, no en todos los casos encontró reciprocidad.
Este viernes concluyó la vida de este jerezano y amigo; una pérdida lamentable para la sociedad, para los litigantes de Jerez, para el deporte local, para el colegio que fundó y al que pugnó por mantener vivo, aun en los momentos más críticos; pero sobre todo para sus seres queridos, a quienes abrazamos con el corazón, con el deseo de que encuentren una pronta resignación ante este inevitable suceso.
Descanse en paz el licenciado Roberto Ojeda Alcalá. Hasta siempre, buen amigo.
3 de julio de 2026