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Construyendo remansos naturales

Por Amparo Berumen


“Al empezar la primavera, los extensos prados del Jardín de Reuilly
permanecen cerrados, con un señalamiento que advierte: ‘pasto 
en reposo’. Cuando llega el mes de abril, las lozanas áreas verdes
se abren al público ansioso, que entonces disfruta de las comidas
al aire libre y del juego de pelota”.    
Jennifer Ackerman.


Mucho se dice que la naturaleza nos ayuda a rejuvenecer, a estar bien. No en vano nuestros orígenes se remontan a bosques y sabanas, porque nació la raza humana para lo bello. Y fue creado su oído para el silbo de las aves y el crujir de los árboles. Amamos los verdes múltiples, los ocres del otoño, y en la piel la caricia del viento. En el deseo de cada uno de nosotros de defender los espacios verdes prevalece una fuerza íntima; con nuestras ideas y esfuerzos queremos cuidar el entorno porque sólo estando inmersos en el paisaje podemos ser sensibles a los problemas que nos aquejan.

Regidos por ese criterio otros pueblos del mundo trabajan en la mejora de sus ecosistemas y hasta en la construcción de pequeños espacios, divertimentos para el espíritu. Se ha citado como un ejemplo a los ciudadanos de París que están convirtiendo espacios baldíos en hermosas áreas verdes donde la gente descansa y se dispersa; músicos, estudiantes, ancianos sobre el verde pasto y al cobijo del azul profundísimo que se extiende en lo alto…

Quienes han estudiado esta dinámica parisiense admiran el férreo empeño ciudadano de reducir la amplitud de los bulevares, y dibujar en ese suelo senderos para bicicletas cubiertos de árboles. “Lucharán fervientemente por tener jardines comunitarios, en lugar de departamentos o centros comerciales. Renunciarán a una vía rápida junto al Río Sena con tal de ganar espacio para una playa, así sea efímera, e imaginarán un refugio natural en cada predio abandonado”. 

Y surge la cuestión: ¿Por qué los habitantes de la llamada ciudad del amor han resuelto encontrar sitios diversos para crear parques y jardines? ¿Por qué allá sí se invierte el presupuesto en cultivos de espacios verdes en medio del espectáculo de hierro y los ríos de concreto? Dichas preguntas son para todos porque se descubren en todo el planeta estas contrariedades. Igual que en otras ciudades, en París las áreas al aire libre son un lujo vital: “Nuestro jardín nos permite trabajar la tierra. Las personas necesitan escarbar, respirar el aroma de las plantas y las flores, alejarse de las presiones diarias y conocer a otros individuos. Para muchos, es casi como una terapia”. 

Si por naturaleza ha sido destructivo el hombre, hoy su esencia biológica le urge a cuidar los elementos para sobrevivir. El aire, el agua, el suelo hacen permisible nuestra cotidianidad: el frío, el calor, la lluvia, la bruma, la humedad, el viento… Es triste que hoy todavía no hayamos establecido como una prioridad el cuidado ambiental, quizá porque no nos hemos detenido a medir nuestra incapacidad reparadora. Es tan inquietante esta realidad, que en muchos países se han establecido organismos importantes encargados de señalar el rumbo y de vigilar el cuidado y la explotación del medio, porque no existen biósferas o ecosistemas de repuesto.

Los pobladores estamos obligados a cuidar en nuestras ciudades las áreas naturales. No dejemos que los minutos valiosos sigan escapándose frente a nuestros ojos mientras otros deciden el desmoronamiento del paisaje. En Tampico la defensa de nuestra laguna ha adquirido gran fuerza. Era urgente sentir que los ciudadanos respondiéramos a los cánones del medio ambiente por nuestro propio bien. Alguien ha dicho que para tener geranios en el balcón son necesarias macetas adecuadas, tierra fértil, sol, agua… y cuidados.

*Tomado del Libro “Apuntes del Carpintero”, publicado en 2023 para celebrar el Bicentenario de Tampico.

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