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Puro, por razón de pureza

Por Amparo Berumen

Según el Diccionario de la Real Academia, es probable que la palabra cigarro se derive del vocablo maya “sikar” o “sikqar”, con el cual se familiarizaron los primeros exploradores españoles. En el libro Historia de la Comida en México de Amado Farga, se insiste en el origen maya, que el autor escribe “xigar” cuyo significado sería sorber o chupar.

Los aztecas fumaban el tabaco en perfolla de maíz o envolviendo el producto desmenuzado en una hoja de la misma planta. Ya en ese entonces curaban y fermentaban las hojas para mejorar su gusto y aroma.

En el “Diario de a Bordo” de Cristóbal Colón con fecha de 15 de octubre de 1492 se lee que sus marineros descubrieron los primeros fumadores de tabaco: “Estando a medio golfo de estas dos islas -es de saber de aquella de Santa María y de esta grande, a la cual propongo el nombre de “Fernandina”- fallé un hombre solo en una almadía, que se paseaba de la isla de Santa María a la Fernandina, y traía un poco de su pan, y una calabaza de agua y un pedazo de tierra bermeja hecha en polvo y después amasada, y unas hojas secas que debe ser cosa muy apreciada entre ellos, porque ya me trajeron en San Salvador de ellas en presente”.

Bartolomé de las Casas, en su Historia General de Indias, partiendo de la “Crónica del primer viaje de Colón” escribe: ”…Hallaron estos días dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaban a sus pueblos mujeres y hombres: siempre los hombres con un tizón en las manos y ciertas hierbas para tomar sus sahumerios, que son unas hierbas secas metidas en una cierta hoja seca también, a manera de mosquete, hecho de papel a manera de los que se hacen los muchachos la pascua del Espíritu Sancto, y encendido por una parte de él, por la otra chupan o sorben o reciben con el resuello para adentro aquel humo, con el cual se adormecen las carnes, y así emborrachan y así dicen que no sienten el cansancio. Estos mosquetes o como los llamaremos, llaman ellos tabaco.”

De ser un trabajo realizado totalmente a mano, en las primeras décadas del siglo XX se generalizó su mecanización, siendo determinantes –desde siempre– la temperatura y el grado de humedad en el cuidadosísimo proceso de elaboración.

Sin conocer la producción de las grandes cigarreras, sí le comento que una máquina común produciría en la actualidad mil doscientos cigarros por minuto y las empaquetadoras envolverían a razón de dos mil cuatrocientos por minuto al recibir los cigarros en grupos de veinte. Esta industria cuyo desarrollo ha sido impresionante tanto en América como en Europa, constituye en muchos países una importante fuente de ingresos fiscales.

La Habana, que además de ser el centro industrial y distribuidor más importante de Cuba, es reconocida por la elaboración de su tradicional ron, y por la calidad de sus puros que han dado justísima fama mundial a esta capital cubana.

El café cubano de excelente calidad, el ron antillano y el cigarro habano, –que se ha llamado puro por razón de pureza–, conforman la esperada culminación de cualquier comida; amables sobremesas cubanas…españolas. Toda una época de España está en esos sus comerciantes que laboran en Cuba los preciados cigarros. La Habana y Sevilla, únicas dos ciudades en el mundo donde se fabrican los puros en total perfección. Hablaremos –más no hoy– de Sevilla y sus fábricas; pero sí hoy, dejo en usted esta antigua con sabor cubano, con sabor a trópico y a isla…sabor antillano:

Me gusta por la mañana
después del café bebío,
pasearme por la Habana
con mi tabaco encendío.

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