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¿Qué necesidad hay de elevar a un líder regional a nivel de interlocutora de estado?

Por Irene Escobedo

En España y México la tensión verbal continúa. Desde la mañanera, el debate ideológico no ha cesado, tampoco las interrogantes por la visita de Isabel Díaz Ayuso presidenta de la comunidad madrileña.

A estas alturas, no se ha superado el tema y el dilema es la prudencia política. Díaz Ayuso no la tiene y no la tuvo y desde la mañanera se ha dicho de todo para prolongar el “intercambio” de críticas y acusaciones.

No es para nada aceptable que un espacio público como la conferencia mañanera continúe utilizándose para el debate ideológico, se entiende que la presidenta está en su postura de la defensa de la soberanía, pero ya lo hizo. En su momento emitió las precisiones necesarias para cuestionar la presencia de la española en territorio nacional y lo hizo muy bien.

Claudia Sheinbaum no puede seguir enganchada a las provocaciones de Díaz Ayuso, que políticamente solo dirige a una comunidad, una provincia autónoma, ¿Qué necesidad hay de elevar a una líder regional a nivel de interlocutora de estado? ¿Por qué darle relevancia internacional a quién desde su cargo original no la tiene? La pregunta se responde sola. Hay intereses en las dos partes por cuestiones electorales y por la consolidación de sus respectivas bases electorales e ideológicas aprovechando la corriente.

Cuando el discurso es persistente, la estrategia ya no tiene lugar. Ya la postura del estado mexicano quedó más que clara y la agenda interna del país amerita en este momento otro enfoque. El debate con Díaz Ayuso terminó desde que ella abandonó el país y ahora solo se necesita que el lío que armó cierre su ciclo mediático.