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IA. Cinco escenarios

Por Antonio Sánchez González. Médico.

Si debemos creer a Bill Gates, en las próximas dos décadas el 90% de los trabajos llevados a cabo por humanos serán reemplazados por asistentes de inteligencia artificial (IA) para los trabajadores de cuello blanco y robots inteligentes para los trabajadores de cuello azul.

Siempre podemos creer que Gates está equivocado, pero dado que es imposible detener la carrera por la innovación en los Estados Unidos y China, en lugar de quejarse contra la IA, aunque sea correcto, es mejor considerarlo, como proponen muchos. Cuatro escenarios podrían, sin duda, transformar el mundo de nuestros hijos:Primero, la implantación de una renta universal (RU) para quienes han sido desplazados así de su empleo.

En este sentido, Elon Musk propone una RU que no sería minimalista, sino muy alta, porque según dice él, «gracias a la IA, no habrá más pobreza en el futuro para que podamos instalar una renta universal de alto nivel». No creo ni por instantes que Musk esté impulsado por una lógica de caridad lopezobradoriana. Más bien creo que los multimillonarios de la tecnología estadounidense —que ya han construido búnkeres «por si acaso» bien ocultos en islas o desiertos para protegerse de cualquier posible ataque— están intentando calmar la situación, de hecho para evitar un segundo escenario, es decir, una victoria póstuma y definitiva para Marx.

Marx expresaba la idea de que si la acumulación de capital acababa en manos de un número muy reducido de multimillonarios mientras la masa de proletarios y desempleados aumentaba, entonces un movimiento revolucionario podría sin mucha dificultad enviar a los capitalistas de vuelta a sus penates para ocupar su lugar y confiarlo a un nuevo régimen en el que la propiedad privada del capital desaparecería definitivamente para siempre.No obstante, imaginemos, tercer escenario, que una RU muy alta pagada con impuestos sobre la IA y la robótica logre calmar el ardor revolucionario del pueblo.

El hecho es que el riesgo ya señalado por en 1929 por Keynes (ociosidad y, por tanto, aburrimiento, pérdida de autoestima, de la relación con los demás, alcoholismo, divorcios, suicidios, antidepresivos, etc.) permanecería intacto. Uno pensaría que, en estas condiciones, los multimillonarios tecnológicos y otros emprendedores astutos aprovecharían esto para ocupar vidas de desempleados, no darles sentido, si para desarrollar exponencialmente la industria del entretenimiento.

Y hoy podemos imaginar mil variantes (qué mil, millones) de este modelo que permitirían a una humanidad ociosa distraerse dejando en paz a los multimillonarios que les ofrecerían una nueva versión de «pan y juegos».Finalmente, Luc Ferry, el filósofo y educador francés, alguna vez ministro de educación de su país, en un libro sobre IA, propuso una «alternativa» a la RB, es decir, un servicio cívico financiado por impuestos sobre la IA y robots asociado a una revisión completa de los estudios.

Más allá del entretenimiento, los juegos y los deportes, el amor y la familia, haría posible mantener una utilidad social y, por tanto, autoestima y relaciones con los demás, lo que implicaría repensar de la A a la Z el significado de los estudios que tendrían menos como objetivo conseguir un empleo que nutrir la vida interior y dar sentido a la vida social y cultural. Si así fuera, entonces podíamos dedicarnos a actividades nobles, libres y satisfactorias en sí mismas: pintar, escribir, componer, filosofar, crear. Seríamos felices.

Pero ¿Y si la IA no nos convirtiera en artistas consumados, sino creadores de páginas de Only Fans sin público, libres de la necesidad de producir, pero entregados a la necesidad de ser observados, y condenados a no interesar a nadie?