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Confluencias

Dr. Arturo Gutiérrez Luna
Unidad de Estudios Jerezanos
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Francisco Larroyo no es ningún ingenuo cuando se propone inventarse como intelectual de nuevo cuño. Una gran visión caracteriza los afanes de Francisco Larroyo; creer en la filosofía para crear su pensar circunscrito. Este rasgo de pensamiento circunscrito resulta una cuestión de la mayor importancia.
Ello involucra un contexto fundamental

En 1934 Larroyo inicia su labor docente en la Escuela Nacional Preparatoria. Es maestro de materias filosóficas, Historia de la pedagogía y Ciencia de la educación en la Escuela Normal de México.

El afán polémico de su maestro Caso lo preparó para los debates en que el intelectual jerezano se involucraría poco después de concluida si formación profesional. Al culminar su etapa formativa, Francisco Larroyo prueba las armas de la crítica con la preparación de obras traducidas por su talento como El ABC de la filosofía crítica de Paul Natorp (1936) Su actividad como traductor inicia al mismo tiempo que la escritura de sus primeros libros.

Este mismo año también ha traducido La teoría de los conjuntos de K. Grelling. pero, ante todo, poniendo en circulación sus libros La filosofía de los valores (1936) y La lógica de la ciencia (1936) en colaboración con Miguel Ángel Ceballos.

Durante el período comprendido entre 1906 y 1937, se publicaron diversas obras de relevancia. En 1936 aparecieron La filosofía de los valores y La lógica de la ciencia, ambas bajo el sello de Editorial Logos. Al año siguiente, en 1937, se publicaron tres títulos más: Los principios de la ética social y Bibliografía general y comentada del socialismo, editadas por Editorial Porrúa, así como El mundo del socialismo. Una bibliografía comentada sobre el socialismo, publicada igualmente por Editorial Logos.

Lo mismo que fragua la versión pública de su tesis de maestría y la de doctorado las cuales adoptan los nombres de La filosofía de las valores (1936), y Los principios de la ética social (1937), este mismo año el intelectual jerezano entrega a la imprenta Bibliografía general del socialismo. Obras fundacionales de una discusión radical en su tiempo, estos primer y segundo libros del filósofo jerezano se adelantan a su época. A partir de su recepción e interpretación se inauguran importantes afiliaciones y disentimientos. En tal caso, La lógica de la ciencia (1936) es una obra pionera en la reflexión de la estructuración de la perspectiva lógica mediante la cual se instaura el conocimiento científico. En ese sentido, pese a su importancia, son posteriores Lecciones de lógica (1947) de Miguel Bueno G. y Francisco Amezcua; Alberto Díaz Mora, Ángel Rodríguez Cartas y Fausto Terrazas, Lógica (1949) Elí de Gortari, Lecciones de lógica (1949) Sus editores son Stylo y Ediciones Logos de México, luego tomará su lugar preponderante la editorial Porrúa.

Varios mitos rodean la producción de Francisco Larroyo. Uno es el que lo presenta como nacido en 1908, pese a la puesta en circulación de su acta de nacimiento en la cual se asienta 29 de octubre de 1906. El otro tiene que ver con la proligidad de libros entregados por su talento a las prensas. Las suyas son piezas de un pensamiento profundo encausado por el rigor y el dinamismo de servir a sus lectores con un discurso anclado en la claridad y la contundencia. En estos textos perfila su método fundado en el tratamiento sistemático de los temas abordados. Se trata de páginas en las cuales se presume una estructuración incisiva y equilibrada para garantizar el abordaje exhaustivo del tema afrontado. En sus renglones se advierte la potencia de un discurso forjado con el dominio de la retórica y la firmeza del arte del aforismo y la máxima.

¿Acaso Larroyo sólo alcanza a repetir un sistema de pensamiento? ¿No aporta a la filosofía sino una difusión del pensamiento de otros? ¿Qué valor tienen los estudios educativos del pensador jerezano? En el contexto del análisis del positivismo, Héctor Beeche, señala acerca del pensamiento de nuestro autor:
Francisco Larroyo, pensador mexicano, quien hace una reseña de los problemas capitales de la filosofía, advirtiendo que ésta “no pretende crear la ciencia, ni la moralidad, ni el arte, etc. Les toma como algo hecho y se limita a describirlos y explicarlos; trata de determinar las formas universales de la conciencia por medio de las cuales se han producido, o, en otras palabras, los valores que cada uno de ellos implica. Así en el terreno del arte, la filosofía nos rendirá cuentas acerca de lo que sea el arte en general y la belleza en general; en el terreno de la ciencia, lo que sea el conocimiento en general y la verdad en general, etc.”

Tal como puede advertirse, el intelectual abordó y concibió su obra preferentemente en el tipo de discurso identificado como libro, sin que ello significara un menoscabo en su presencia en toda clase de impresos, discursos, ponencias, comentarios, notas, reseñas. La efectividad de la reflexión del filósofo jerezano radica en la profundidad y en la estructuración rigurosa. Por ello podemos percaranos en sus textos de la época que:

concibe la lógica como una teoría de la ciencia en general, por lo que la considera como la primera y fundamental de las ciencias filosóficas, siguiéndole la ética, luego la estética; algunos, dice, les agregan la religión, que tiene, como las demás direcciones capitales de la cultura, su filosofía. Esos tres temas principales de la filosofía, “definida como una reflexión sistemática sobre la cultura, parecen agotarse en una última ciencia que cada día se cultiva con más entusiasmo en los círculos profesionales: la filosofía de la Historia”. En ese cuadro, la filosofía del derecho y la filosofía de 1a educación, por ejemplo, vienen a ser teorías de valores derivados, no capitales, de la filosofía.

Los suyos son libros en los cuales reflexiona sobre el valor y el papel de la ética social, con la apropiación conceptual de una perspectiva neokantiana cuya premisa mayor pone en el centro en la persona y la cultura. Nociones originalmente kantianas las cuales encuentran en Larroyo un matiz que las discute y profundiza. Estas obras se caracterizan porque provienen del análisis conceptual de grandes tópicos de interés para la cultura mexicana. Se trata de un ejercicio reflexivo que descubre al mismo tiempo que ilumina. Otro rasgo latente es que sus obras revelan el carácter de piezas de investigación. De esta forma, sus trabajos de la época devienen en escritos reflexivos de temáticas cuyo análisis y comprensión ha supuesto una indagación sostenida durante años en la atmósfera de la docencia. Vienen del entendimiento y van hacia la enseñanza, algo distintivo de sus posteriores textos.

El contexto cultural de los años entre 1940 y 1960 necesita enfocarse siquiera sea por un momento. Los años cuarenta del siglo XX muestran una práctica enfocada en la consolidación de nuevas instituciones. Ya entrados en la los cincuenta, el panorama se tiñe de apertura a las ideas. Los años sesenta se caracterizan por el ejercicio de la crítica. De tal suerte que la proliferación de las publicaciones culturales y literarias está a la orden del día.