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La prosa disruptiva de Arqueles Vela

Por Priscila Sarahí Sánchez Leal

Poco se ha trabajado el aporte literario del guatemalteco Arqueles Vela (1899-1977), quien ha sido más reconocido por su trabajo en áreas como la educación y el periodismo.

En el escenario literario mexicano, sus tres prosas poéticas -La Señorita Etcétera, El Café de Nadie y Un crimen provisional- se tornan reveladoras, tanto estética como ideológicamente. Los tres textos se publicaron en un mismo libro en 1926, con el título El Café de Nadie.

Desde su aparición, uno de los puntos focales de discusión ha sido el género narrativo al que pertenecen. Al respecto, se ha dicho que son cuentos, novelas cortas, poemas en prosa, crónicas y prosas poéticas; sin embargo, hay que señalar que son textos que, aunque narrativos, no terminan por definirse, no se ciñen a un género específico, sino que oscilan entre uno y otro, lo que está relacionado con su naturaleza vanguardista.

La discusión encuentra sus chispazos y recovecos, no obstante, el término prosa poética pareciera el más adecuado. En efecto, lo que Arqueles Vela escribe es prosa, pero no en el sentido convencional de la palabra, sino una prosa que se configura esencialmente de imágenes poéticas, tan desconcertantes como seductoras. En su artículo “El estridentismo y la teoría abstraccionista”, Vela expresa que “Lo real y lo natural en la vida es lo absurdo. Lo inconexo. Nadie siente ni piensa con una perfecta continuidad.” (Vela, “El Estridentismo” 1-3).

Este absurdo es lo que atraviesa a cada uno de sus personajes, escenarios y situaciones. Ante todo, la prosa de Vela es una vorágine de imágenes y metáforas, que se suceden unas a otras de manera febril. Sin embargo, pareciera que no sucede nada, ya que el relato -si es que se le puede llamar así- está configurado esencialmente de imágenes y no por acciones, como en la narrativa tradicional. Al respecto, el 29 de mayo de 1924, el filólogo Pablo González Casanova publicó un artículo, en El Universal Ilustrado, titulado “Las metáforas de Arqueles Vela. La filología y la nueva estética”, en el que atisbaba un buen cauce para esta propuesta que, a su criterio, era:

Una abundosa fuente de metáforas novedosas llamadas a conquistar, en un porvenir no muy lejano, preeminente lugar en la literatura del futuro y más tarde en la lengua usual, por la sencilla razón de que responden mejor a las ideas, sentimientos y aspecto exterior de la vida contemporánea. (Schneider, El estridentismo. México 1921-1927 21)

En un periodo de incertidumbre, apresurados cambios tecnológicos y un escenario posrevolucionario, está claro que los paradigmas anteriores ya no funcionaban para aproximarse a los nuevos ritmos y estilos de vida. Luis Mario Schneider, uno de los primeros teóricos del estridentismo, se cuestiona “¿Es La Señorita Etcétera una novela o un cuento?” (Schneider, El estridentismo. Una literatura de la estrategia 57) A lo que responde “Creo que ni lo uno ni lo otro. Más bien es una breve crónica poética, donde no existe ninguna trama y toda ella está sostenida en base a un recuerdo, una evocación.” (Schneider, El estridentismo. Una literatura de la estrategia 57) Más adelante, argumenta que la trama es lo que menos interesa, ya que es preciso prestar atención a las posibilidades del lenguaje con las que experimenta el autor.

Por su parte, Evodio Escalante señala que si bien, no hay una trama en el sentido tradicional, sí hay un nexo emocional, “una trama expresiva, una concatenación […] sonambúlica y no convencional de los acontecimientos” (Escalante 79), elementos que hacen de La Señorita Etcétera un texto evidentemente innovador; incluso, cabe mencionar que se trata del primer texto narrativo de carácter vanguardista en el contexto hispanoamericano, de acuerdo con Katharina Niemeyer.

En su libro, Las vanguardias literarias en Hispanoamérica, Hugo Verani señala que “las dos primeras décadas del siglo XX son fuente de inquietud y desasosiego: la continuidad social se vuelve discontinuidad y, como consecuencia, el arte requiere formas de expresión que capten el dinamismo del mundo moderno.” (Verani 19) La incertidumbre, lo absurdo y el desasosiego pueden considerarse los ejes en los que se fundamenta tanto la crítica como la poética que hace Arqueles Vela, a través de su prosa.
Uno de los primeros en formar parte del movimiento fue Arqueles Vela quien, aunque no firmó ninguno de los manifiestos, fue uno de los miembros más activos de la vanguardia y, desde su posición como secretario de redacción en El Universal Ilustrado, apoyó en la proyección del estridentismo. Previo a 1921, Vela ya era un joven intelectual comprometido con el terreno social, cultural y artístico de la época.

En La Señorita Etcétera y El Café de Nadie logra captar la incertidumbre a la que conduce la Modernidad. La ansiedad que se percibe en los textos, el cambio abrupto de imágenes y de escenarios, las metáforas vertiginosas y los distintos planos en los que se mueve el relato, son un símil del conflicto y la falta de certeza que se enfrentan en las primeras décadas del siglo XX.