El asoleadero de palacio: ¿tema para discusión nacional?
Por Jaime Santoyo Castro
Es triste ver cómo los mexicanos nos ocupamos – o nos inducen a ocuparnos – de temas tan irrelevantes, frívolos y hasta ridículos como el de la presunta dama que asolea las piernas en un balcón del Palacio Nacional, como si en ello estuviera en juego la soberanía o la seguridad de la nación, mientras dejamos de lado lo que sí es verdaderamente relevante y que sí pone en riesgo la estabilidad de la República: las amenazas de Trump, la muerte de mexicanos que se encuentran bajo custodia del ICE, el bloqueo de carreteras, la inseguridad, la falta de medicamentos y tantas y tantas cosas que nos agobian todos los días.
Aún no ha quedado claro si ese hecho ocurrió o no, y tampoco el nombre y origen de la presunta dama que se asolea; pero, con todo respeto a las opiniones de otros, a mí me parece que es un asunto de la menor relevancia. Y si no, veamos: ¿pone en peligro la seguridad de la Presidenta de México? ¿Ofende a los mexicanos que alguien use un balcón de Palacio para asolearse? ¿Daña la imagen del país en el exterior? ¿Amenaza la democracia, la existencia de los partidos, la generación de alimentos o la solidez de nuestras instituciones? Nada de eso.
Entonces, ¿por qué tanto escándalo?
La verdad, no creo que eso le preocupe ni le afecte al campesino que no sabe si lloverá a tiempo para salvar su cosecha; al obrero que teme perder el empleo; al vendedor ambulante que sale cada mañana a ganarse el sustento; al ama de casa que no completa para la despensa; al maestro que enfrenta aulas cada vez más complejas; al estudiante que mira con incertidumbre su futuro; al taxista que teme por su seguridad; al adulto mayor que espera sus medicamentos; o al transportista que recorre carreteras tomadas por la violencia.
Lo verdaderamente preocupante no es si alguien tomó el sol en un balcón histórico. Lo preocupante es que un episodio así pueda desplazar, aunque sea por unas horas, la discusión sobre la realidad nacional. Ahí está el verdadero problema: la facilidad con la que convertimos la anécdota en asunto de Estado y relegamos lo esencial a un segundo plano.
Hay algo profundamente inquietante en una sociedad que discute con pasión un supuesto asoleadero en Palacio, mientras normaliza la violencia, la crisis en salud, la precariedad económica y la incertidumbre institucional. Pareciera que la superficialidad se ha convertido en refugio colectivo frente a la crudeza de la realidad. Es más cómodo debatir sobre un balcón que exigir respuestas sobre desaparecidos, homicidios, migración, salud pública o crecimiento económico.
Y quizá ahí radica la mayor tragedia: no en la escena trivial de unas piernas al sol, sino en la capacidad de ciertos temas para distraer la atención pública, desviar el debate y consumir la energía social que debería estar dirigida a exigir soluciones de fondo.
Porque mientras discutimos el “asoleadero de Palacio”, hay familias buscando a sus desaparecidos, hospitales sin medicinas, comunidades enteras sitiadas por el crimen y mexicanos muriendo lejos de su patria.
Ese sí debería ser el tema de la conversación nacional.
Lo demás no pasa de ser un rayo de sol sobre el balcón de nuestra distracción colectiva.