¿Y si el plan B es que no hay plan B?
Por Irene Escobedo
Ante el aparente rechazo preanunciado por parte de los aliados y la oposición para la eventual aprobación de la Iniciativa de Reforma Electoral, el plan B de la presidenta pinta para que sea una mera estrategia (simulada) de presión.
Claudia Sheinbaum habla de que tiene un as bajo la manga en caso de que la controvertida reforma sea rechazada. Pero no dirá qué. Suena a manipulación, a un plan B cuya estrategia es asegurar que hay opciones y que les guste o no, a los partidos aliados y a la oposición, lo va a utilizar si no votan a favor de la reforma, eliminando toda oposición o contrapeso, gran golpazo a la democracia, sobre todo cuando la pretendida iniciativa dice ser precisamente un decálogo a la democracia.
¿Y si en realidad estuviera cocinándose una alternativa? De todos modos, para entonces la pretendida democracia ya quedó al margen; por lo tanto, probablemente seguiría eliminar los cambios constitucionales para apostar por leyes secundarias que requieren mayoría simple y buscar también modificaciones de financiamiento al INE, además de la eliminación del PREP, aspectos que regula la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales y no la Constitución.
Ideología oficial sin cuestionamientos sería la palabra de orden; la consigna: llegar al 2027 arrasando y al 30 rebasando, ventaja importante que inevitablemente desmeritará la democracia.