La salud en nuestras fronteras
Por Antonio Sánchez González, Médico.
La frontera entre México y los Estados Unidos abarca 44 condados en 4 estados (Arizona, California, Nuevo México y Texas); es un área de 100 km al norte y al sur de la línea que delimita a los países.
La zona alberga a más de 8 millones de personas y se caracteriza por una migración transfronteriza significativa, no solo entre mexicanos y estadounidenses que pueden ir y venir por trabajo, compras, visitas familiares o atención médica, sino también como una región donde personas de países de América Latina y el Caribe cruzan en tránsito hacia Estados Unidos. Los encuentros con la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos a lo largo de la frontera se han intensificado bajo la administración federal actual y han impuesto una mayor carga a las comunidades fronterizas que ya enfrentan desafíos de salud y socioeconómicos. Este panorama sociopolítico de la región y los efectos sobre la salud de las personas exigen una mayor atención.
Tradicionalmente, buena parte de esta población habita en campamentos improvisados de tiendas de campaña en ambos lados de la frontera, escenario que se ha incrementados durante los meses de la segunda administración Trump, ahora cada vez más los refugiados viven en condiciones deplorables en comunidades de tiendas de campaña hechas por ellos mismos con lonas y cartón, compartiendo colchonetas, cocinando sobre fuegos abiertos, colgando bolsas negras para calentar agua y sin servicios sanitarios. El gobierno mexicano desarrolló sitios de campamento para proporcionar refugio a los migrantes deportados de Estados Unidos. Aunque Estados Unidos ha ampliado las instalaciones de tiendas de campaña para albergar a inmigrantes, tanto adultos como niños experimentan condiciones de hacinamiento.
Los habitantes de esta región fronteriza tienen acceso muy deficiente a la atención médica. Las personas que viven allí tienen tasas más altas de pobreza e infraestructura sanitaria deficiente y tienen que enfrentar un aumento en el gasto en atención médica que afecta a su muy pobre economía individual, pero también a las de ambas naciones. También se ha documentado el acceso deficiente a la atención en instalaciones de detención infantil, incluso para individuos diagnosticados con condiciones de salud física y mental agudas y crónicas.
La frontera entre méxicoestadounidense ha sido históricamente una región con desigualdades en la salud relacionadas tanto con enfermedades transmisibles como no transmisibles. Las condiciones de salud física no transmisibles (como la obesidad) relacionadas con enfermedades cardiometabólicas (diabetes y enfermedades cardíacas) y otras condiciones (como el cáncer infantil) han afectado a las comunidades fronterizas. Hay regiones en esta zona con prevalencia de obesidad que varía entre el 26 y el 57 %, con las tasas más altas en las regiones más cercanas a la frontera con México, que tienen las concentraciones más altas de pobreza, etnia latina e inmigrantes. Al mismo tiempo, enfermedades infecciosas como la tuberculosis siguen tasas de prevalencia muy altas en la región. En 2019, 11 de los 12 condados fronterizos de Texas reportaron tasas de incidencia de tuberculosis muy por encima del promedio estatal. La tuberculosis es particularmente alta en los centros de detención entre los niños, y la detección es deficiente y las facilidades para el tratamiento son pobres. Durante la pandemia de COVID-19, la mortalidad en esta zona fue elevada, con una razón de mortalidad estandarizada casi del doble que el del resto de cada nación.
Y está el trauma relacionado con la migración, la separación familiar y las malas condiciones de vida resultan en una crisis de salud conductual y mental. Un informe de entrevistas con 404 jóvenes migrantes no acompañados reveló que el 48% huyó de la violencia atribuida a cárteles de drogas y pandillas, el 21% experimentó abuso, el 38% enfrentó explotación dentro de la industria de contrabando y el 81% buscó reunirse con familiares o buscar oportunidades en los Estados Unidos. En este entorno, los informes citan preocupaciones de salud mental como abuso sexual, trastorno de estrés postraumático, ansiedad y depresión. Particularmente preocupantes son los efectos del trauma en los niños separados de sus familias, quienes experimentan una multitud de trastornos de salud mental, retrasos en el desarrollo, estrés tóxico y regresión en su desarrollo conductual.
La frontera se ha convertido en un tema de contención geopolítica. Sin embargo, dado los riesgos para la salud, debería ser una prioridad para la salud de ambos países y global. Existen oportunidades para desarrollar políticas y programas que mejoren la salud y el bienestar de las poblaciones fronterizas médicamente desatendidas y mayormente rurales, incluidas aquellas afectadas por las secuelas físicas y mentales a largo plazo de las políticas de inmigración basadas en la disuasión. Se debe apoyar enfoques binacionales para mejorar la respuesta a las amenazas actuales y a eventos catastróficos adicionales, pandemias y desafíos de salud ambiental que pueden agravar aún más las inequidades de salud en la región.