La amistad como refugio: El secreto del río
Por Yarahima N. García Carlos
«La amistad siempre va a hacer que ustedes estén juntos como si fueran una sola persona».
Solange
Con motivo del Día del Amor y la Amistad, que se celebra en México este 14 de febrero, quiero recomendar la serie El Secreto del Río (2024), dirigida por el cineasta mexicano Ernesto Contreras.
La historia narra la vida de Manuel y Erik, dos niños que se conocen en un pequeño pueblo del Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca. Su encuentro ocurre durante las vacaciones, cuando la madre de Manuel decide enviarlo a visitar a su abuela. Lo que comienza como una convivencia casual se transforma, poco a poco, en una amistad profunda.
Manuel es un niño sensible, observador y creativo, cuyos gustos no encajan con los estereotipos impuestos por su comunidad. Erik, en cambio, es más extrovertido, físicamente fuerte, tiene muchos amigos y practica béisbol. A pesar de sus diferencias, ambos encuentran en el otro un espacio seguro y de confianza.
Su amistad se consolida cuando viven juntos un evento traumático en el río, el cual los obliga a guardar un secreto.
Desde mi apreciación personal, los primeros capítulos de la serie destacan por mostrar de manera sensible y realista cómo nace una amistad verdadera. No se trata de una relación perfecta, sino de una construcción hecha de momentos simples, miedos, errores y acompañamiento.
Además, la serie aborda temas fundamentales como la identidad muxe, la discriminación, la violencia, los estereotipos de género, las comunidades indígenas y los retos culturales que enfrentan quienes son considerados «diferentes». Estos elementos enriquecen la historia y la vuelven cercana a muchas realidades.
En cada dificultad que enfrentan Manuel y Erik, siempre prevalece aquello que los une: una amistad firme.
Desde la filosofía, la amistad ha sido analizada desde distintas perspectivas. Para Sócrates, debía ser correspondida y solo podía existir entre hombres buenos. Aristóteles la entendía como una relación basada en la convivencia, el compartir alegrías y tristezas, y el esfuerzo constante por conservar el vínculo.
Cicerón, por su parte, señalaba que el amor y la amistad derivan del amar. Y amar por su parte no es otra cosa que distinguir con el cariño a la persona que se ama sin ser inducido a ello por ninguna necesidad. Mientras tanto, Montaigne afirmaba que el amigo es «otro yo», alguien con quien se llega a formar una unidad profunda.
Personalmente, no creo que una sola definición baste para explicar la amistad, así como el amor son conceptos complejos, llenos de diversos elementos, entendidos de diferente manera de acuerdo a un contexto sociocultural, político y a una historia de vida individual.
Desde lo utópico me gusta pensar que la amistad si es una virtud y no está ligada a ninguna necesidad banal. Son experiencias cambiantes, llenas de matices, hay complicidad, se comparten gustos, alegrías y penas.
A lo largo de mi vida, he tenido amistades que me han sostenido, acompañado y comprendido. Han sido refugio en los momentos difíciles.
Hoy, mi concepción de la amistad —al igual que la del amor— se basa en gran parte en resistencia: vínculos que sobreviven, que se transforman, que sanan y que permanecen. En un mundo marcado por la violencia y la indiferencia, considero que la amistad es un acto de ternura, valentía y resiliencia.
En esta serie, el espectador puede descubrir a través de imágenes, acontecimientos, palabras una representación de amistad, que puede o no, compartir con su realidad. Además, como he mencionado, aborda temas de interés social desde un punto de vista auténtico y de respeto.
Por último: Mis amigas son mis raíces, mis alas: me sostienen cuando caigo y me impulsan cuando dudo. Con ellas aprendí que la amistad no se explica, se VIVE. Gracias: Esme, Naye, Vicky, Fany, Gloria, Faby, Jairo y Bere.