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Hermes multifacético

Por Priscila Sarahí Sánchez Leal

En la mitología griega, Hermes es un dios liminal por excelencia, en tanto que habita en los umbrales y cruces, manteniéndose siempre en movimiento. Es un alma multifacética, es viaje y dinamismo, pues su esencia no se define en una forma fija.

Mensajero de los dioses, conductor de las almas, protector de los viajeros, de los comerciantes y de los ladrones, Hermes transita por diversos estadios, bordeando en todo momento los sistemas cerrados y las estructuras rígidas.

Desde recién nacido, fue un alma inquieta y traviesa, que robaba el ganado de Apolo, mentía con astucia y, para salir de un conflicto, inventa la lira con el caparazón de una tortuga y las tripas de una vaca, sin embargo, sus travesuras y engaños se tornan actos creativos, puesto que no destruye el orden, pero sí lo reinventa.

Como dios mensajero, Hermes está en constante contacto con el lenguaje, a manera de mediador e intérprete, ya que ningún mensaje puede llegar a su destino sin haber sufrido un desplazamiento, interpretación o, incluso, invención, pues, ¿cómo dar a conocer un mensaje divino a los hombres y viceversa, si no es mediante una reinvención?

En este sentido, no es casual que la hermenéutica, disciplina de la interpretación, lleve su nombre, puesto que interpretar es también atravesar umbrales, traducir desde realidades distintas entre sí, inventar nuevas posibilidades.

Por otra parte, hay una especie de dimensión ética en el ser y actuar de Hermes, ya que no juzga a las almas que conduce al Hades, sólo las acompaña y guía. En su más profundo sentido liminal, no promete salvación ni condena con castigos; su misión es asegurar el paso.