La salud mental de los hombres
Por Antonio Sánchez González, Médico.
La salud mental masculina es un verdadero punto ciego en nuestras sociedades. Rara vez se reconocen sus dificultades. En México, la tasa de suicidio en hombres es 4 veces superior a la de las mujeres. Los hombres también representan el 75% de las personas con abuso de sustancias.
Sufren más de aislamiento social, especialmente en zonas rurales. Muchos hombres están pasando por un gran sufrimiento psicológico y carecen de apoyo. Hoy, rara vez escuchamos que la solución adecuada para los hombres en situación de angustia es consultar a un psiquiatra, tomar medicación o someterse a psicoterapia.
También hoy, Émile Durkheim podría dar una respuesta: su libro sobre el suicidio visto como fenómeno de la sociedad y no como un problema puramente individual, escrito hace más de cien años, sigue siendo muy revelador. A menudo, esto está relacionado con el trabajo. Algunas profesiones dominadas por hombres tienen tasas de suicidio muy altas: agricultores, obreros, policías y jubilados. Algunas de estas ocupaciones exponen a los hombres a trabajos por turnos, un alto riesgo de lesiones, largas jornadas, violencia, estrés moral y, en particular, condiciones de vida y trabajo especialmente duras. Para los agricultores, por ejemplo, las dificultades financieras pesan mucho: préstamos, deudas, hipotecas, etc. La vida es dura, especialmente con las políticas económicas de las últimas décadas y los nuevos acuerdos comerciales mundiales. En la policía o el ejército, también existen problemas relacionados con la violencia y el trauma.
También debemos hablar de los accidentes laborales, que son mucho más frecuentes entre los hombres: lesiones en las piernas, en las manos, en los ojos. Después de un accidente, tienes que dejar de trabajar, a veces recurrir a analgésicos, o incluso a opioides o alcohol para seguir adelante. Esto puede desencadenar un círculo vicioso: lesiones, dolor, medicación, alcohol, pérdida de sentido, aislamiento, pobreza… y, en algunos casos, suicidio.
En buena parte del mundo, incluidos los países del TMEC, existe una red de seguridad significativa para las mujeres, con muchas organizaciones benéficas que ofrecen asistencia legal, alimentación, apoyo psicológico o acceso a vivienda social. Pero casi no hay nada para los hombres, con algunas excepciones. Quienes sufren trastornos mentales a menudo son completamente olvidados.
En el caso concreto de México, diversos gobiernos en los últimos 30 años se han centrado en apoyar a las mujeres -con un fondo político y coyuntural bastante claro-. Hay un ministerio dedicado a las mujeres y presupuestos específicos para ayudarles. Pero también hay una explicación científica: existe una brecha de empatía entre hombres y mujeres. Por ejemplo, si un hombre llora en la calle, la mayoría de los transeúntes pasan sin detenerse.
Si es una mujer, muchos vienen a preguntarle si está bien. Esto es una cuestión tanto de la psicología evolutiva como de las normas sociales. También hoy, por siguiente ejemplo, no existen programas de ayuda para padres monoparentales o separados.
En diversas ocasiones el discurso feminista ha gritado cosas como “no necesitamos hombres”, pero está bastante claro que, este tipo de argumento es muy perjudicial para los hombres jóvenes. En realidad, a los hombres les gusta hablar de sus emociones y salud mental, pero solo si la escucha es amable y no juzga. Sin embargo, a menudo, revelar un problema de salud mental puede dañar su reputación, tanto en el trabajo como en su vida amorosa. Me parece terrible, pero me entristece que algunas ideas sobre las relaciones de género hayan echado raíces aquí, en particular, al enmarcar esto como una especie de guerra cultural. La evidencia clínica y sociológica también muestra claramente que la masculinidad tradicional es muy beneficiosa para la salud mental de los hombres.
No entiendo por qué todo este conjunto de datos no es una prioridad política, porque la tasa de delincuencia es muy alta entre hombres en comparación con mujeres. Esta realidad deja a muchos hombres sin perspectivas, lo que contribuye al aislamiento, la frustración y la delincuencia.