El extraño caso del doble rostro
Por Priscila Sarahí Sánchez Leal
Hablar de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde conlleva a internarse en uno de los espejos más inquietantes de la literatura moderna. Robert Louis Stevenson escribió esta novela explorando la idea de que en cada individuo habita un territorio secreto, un huésped acaso clandestino, que se despierta cuando cae la última luz del día.
Jekyll representa la respetabilidad que la sociedad exige, mientras que Hyde simboliza la pulsión irreprimible que el orden intenta silenciar. Entre ambos, se entreteje un diálogo intenso sobre la moral, la culpa y el deseo de quebrar las fronteras de uno mismo.
Lo fascinante de la novela es que no se trata sólo de un relato de terror, sino de una meditación sobre la identidad y sus fracturas. Stevenson sugiere que la monstruosidad no proviene del exterior, más bien se encuentra en esa región íntima donde conviven nuestras máscaras, es decir, lo que mostramos y aquello que ocultamos. Leer esta obra es reconocer, con lúcida inquietud, que todos somos un poco Jekyll y un poco Hyde, en tanto que la dualidad humana no es una rareza, pero sí un sello inevitable de nuestra existencia.
A la luz de los debates contemporáneos sobre la identidad y la psicología, la novela conserva una potencia sorprendente. En un tiempo que exige coherencia absoluta, como si el ser humano fuera una línea recta sin sobresaltos, Stevenson nos habla de que la contradicción es parte esencial de nuestra condición. La figura de Hyde, lejos de ser un simple villano, actúa como un recordatorio de aquello que intentamos relegar al silencio; nuestros impulsos, miedos y deseos no reconocidos.
Cabe señalar que el Londres sombrío de la novela funciona como una geografía moral, calles neblinosas donde la culpa se confunde con la noche y donde el mal no se anuncia con bullicio, pero subsiste en el sigilo de lo cotidiano. El ambiente victoriano, con su tensión entre apariencia y transgresión, dialoga con cualquier época en la que las normas sociales pesan profundamente y se resquebrajan, quizá de la peor manera. El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde es una obra que permanece vigente porque no ofrece respuestas cómodas, sino que plantea una pregunta incisiva: ¿hasta qué punto somos dueños de nuestra propia sombra?